Buceando en el barro.

Imaginad un mundo sin luz, en el que podéis manteneros ingrávidos, donde perdéis inmediatamente el sentido de la orientación y en el que apenas existe modo alguno de iluminar.
Esta es la sensación que tendréis si buceáis en un pantano o en un río turbio, como el Ebro.

El desarrollo de las actividades subacuáticas en un medio tan inhóspito se circunscribe en los ámbitos del buceo científico, profesional y protección civil, lejos de la vertiente deportiva o de ocio. Campañas medioambientales, obras hidráulicas o el rescate de víctimas por accidentes o catástrofes naturales requieren a menudo la práctica del submarinismo en condiciones tan difíciles.
En nuestro caso, y por suerte, se trata de ejecutar campañas medioambientales. Durante más de 3 años hemos estado rastreando y censando colonias de "Margaritifera auricularia" en el Ebro, un bivalvo de río en peligro de extinción, además de otras náyades, con el fin de evaluar el impacto ambiental de futuras obras hidráulicas u otras actuaciones en el lecho del río. Ello nos ha llevado a organizar expediciones a áreas tan remotas como la zona de Sástago o Escatrón en la Comunidad de Aragón.

Toma aérea de la zona en los Meandros del Ebro © by DGA


Cerca del desierto de los Monegros se hallan los Meandros del Ebro, región en la que durante muchos años existió una pequeña industria artesanal de confección de cuchillos con mangos de nácar. Esta fue hasta los años sesenta una de las principales causas de la paulatina desaparición de dichas náyades. La Margaritifera auricularia está compuesta por una importante cantidad de este oro blanco, tan explotado por los humanos durante miles de años. Este motivo, sumado a la complicada reproducción de la especie le ha llevado al borde de la extinción. Lo ejemplares de Margaritifera lanzan miles de huevos y esperma, que una vez fecundados y tras eclosionar sus larvas, se enquistarán en las agallas del Esturión. Pasarán casi dos años entre sus branquias hasta tomar la forma de una pequeña náyade que se desprenderá cayendo en el fondo del río, donde permanecerá inamovible durante sus 60 años de vida. Maravilloso ser que es uno de los escasos fósiles vivientes de nuestra fauna.
Sinceramente, la primera vez que me comunicaron que debía hacerme cargo de organizar una campaña con este fin, pensé que era broma. ¿Almejas de agua dulce?, pues sí, además existen tres especies más, el Unio (Unio pictorum), la Potomida (Potomida littoralis), la Anodonta (Anodonta cygnea) que alcanza los 20 cm. además de nuestra Margaritifera auricularia.
Tras analizar sobre el papel cómo planificar la exploración del lecho del río y una vez realizadas varias pruebas in situ, verificamos que el único modo era bucear y rastrear el fondo a mano. Encontrar personal cualificado para esta labor fue un trabajo arduo, después de cotejar diferentes opciones optamos por biólogos. Fue una decisión acertada, la pasión por los seres vivos es sin duda una de las características comunes de los que eligen cursar estudios de Biología. La dedicación por parte de nuestros biólogos ha sido total, asumiendo además como algo personal el reto de hallar nuevas colonias de esta especie en extinción.

Microfotografia de una larva de Margaritifera auricularia
© by Dr. Rafael Araujo * Museo Nacional de Ciencias Naturales - CSIS

Al contrario de lo que piensa la gente, el Ebro no es muy profundo en su tramo medio. En algunos trayectos la plancha de agua no sobrepasa los ­ 2 m. de profundidad. La máxima cota que hemos encontrado en estas últimas campañas ha sido de ­ 9 m. en unas pozas de agua arremansada. En cuanto a la corriente, esta es otra historia.
El Ebro viene regulado durante todo su curso por la infinidad de presas, azudes y saltos de agua que lo cruzan. Desde los árabes, que dejaron en su ribera molinos de agua de grandes dimensiones (en Sástago) hasta la actualidad, al río se le ha hecho de todo. Desde los vertidos a los dragados, pasando por la introducción de especies alóctonas como el Siluro, el Cangrejo de río americano y la última gran plaga que ya asola sus riberas, el Mejillón zebra (Dreissena polymorpha).
Sin embargo, y como siempre, el mayor peligro para su integridad proviene de los humanos, el Plan Hidrológico Nacional va a ser el último verdugo del Ebro. Y saco esta faraónica obra a colación porque todos llevamos a dentro un niño que corre descalzo por el río. En mi caso, lo del Ebro, fue un amor a primera vista.
No existe un lugar, tan abrupto o arisco, con un temperamento tan susceptible y a la vez agradecido como un río, y el Ebro es el ejemplo por excelencia. Con temperaturas que oscilan entre 50 °C en verano a ­ 10°C en invierno. Con el Cierzo, viento del norte que te corta los labios y te hace maldecir y renegar de la cabronada de día que te ha tocado, o que en su ausencia propicia que te achicharres el cerebro bajo un sol de justicia. Sin embargo los colores del martín pescador, la majestuosidad de las garzas o el interminable girar en el cielo blanco de los buitres, son la preciada recompensa a tantos sufrimientos y calamidades.
El río sigue vivo. Me sumergí por primera vez y tomé contacto con él en apnea. Es el modo más natural de conocer a alguien con semejante personalidad, de ser uno con el agua. Experimenté esa extraña sensación de agua dulce en la boca, enfundado en neopreno y con unas inútiles gafas de cristal luminal. Sí, inútiles en aguas marrones desde arriba y negras por abajo, como la matriz de una madre.
El río, respeta si lo respetas, como cualquier ser vivo debes mimarlo y dejar que te acaricie. Tomarle el pulso y sobre todo tener información de quien vive allí y por qué. Sólo de este modo podemos atisbar en el entramado de su complicada biología. Y con esta filosofía realizamos transectos a lo largo y ancho del río, en busca de nuestro Santo Grial.
Otros tiempos, otros motivos. Hoy en día, los esfuerzos están encaminados a salvar una especie absolutamente única, lo cual por otra parte me parece más inteligente.
Horas de buceo a oscuras mientras palpas las tripas del río. Entre la grava asoman las náyades como vaginas abiertas, en las manos del biólogo o bióloga que las busca entre peces que se deslizan a su vera con sinuosos movimientos. Viscosos y gigantescos siluros, obesas carpas y veloces luciopercas, son nuestros compañeros en la oscuridad.
No os penséis que somos temerarios ni descuidados por bañarnos en esta agua. Amor al oficio, cariño con el río y la absoluta certeza de que si alguien nos hiciese daño, no sería uno de los seres que allí viven. Probablemente, vendrían de superficie hacia arriba.

Ramón Álvarez Halcón , Ma. Angeles Ramos, Dr. Rafael Araujo y Toni Romero

Xavier Martinell, el de Mataro, Toni Romero y Lucia Carulla en el barro. © by Toni Romero 2001


Navegamos en la pequeña zodiac desentrañando la enrevesada orografía de su lecho, con batimetría, sonda y GPS en ristre. Cigarrillos en compañía del Dr. Rafael Araujo del Museo de Historia Natural (CSIC) y de Nacho, su becario. Bocatas de lomo con pimientos, ternasco y vino tinto en la ribera, a la sombra de un bosquecillo de tamarix africana que recordaba los paisajes de Kenya. Un lujo compartido con Xavier Martinell, Lucia Carulla, Ramón Álvarez Halcón ( antropólogo), Crit nuestro perro hoy ya imprescindible en nuestras salidas, como ejemplo y para no aburriros con la larga de lista de colaboradores con la que hemos contado, y sobre todo con la ayuda por parte de los forestales de la DGA.
Los vigilantes del río. Anónimos y desconocidos estos héroes cotidianos, igual apagan un incendio, que recuentan cigüeñas, que buscan a alguien que se ha perdido en el monte. Desde aquí nuestro agradecimiento. Sin mariconadas, sinceramente. Con el característico espíritu maño que no se amedrenta ante la adversidad, los forestales son la policía del río. Pocos para tantos kilómetros por vigilar, están ahí cada día, a la salvaguarda de este espacio de Aragón.
Este año estaremos de nuevo con ellos. Recordad, si nos queréis visitar estaremos en Sástago. Conocer Aragón es imprescindible, su paisaje, su gente, su gastronomía, los

© by Toni Romero 2002 - Serveis Integrals Subacuatics, S.L.

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