
De nuevo hemos sido afortunados al poder volver a nuestra ya habitual cita con el Ebro. Como siempre con el fin de localizar colonias de Margaritifera auricularia y otros bivalvos. Además de esta especie en peligro de extinción se estudian otras náyades como Potomidas, Unios y Anodontas, especies habituales en estas ya castigadas aguas.

La última adquisición de nuestra empresa ha sido
la de un verdadero clásico, un Land Rover Cazorla de 9
plazas. Esta bestia de todo terreno, carga con facilidad nuestra
casi una tonelada de material. Dos barcas con sus mototes, 8 monobotellas,
compresor, generador, equipos para cinco buceadores, motobombas
y más de 400 m. de cabo, además de un equipo considerable
de acampada, son una carga que este fiel vehículo ha transportado
con éxito durante esta campaña. Nuestras experiencias
anteriores con otros vehículos como pick- ups, furgonetas
y demás todo terrenos, han sido un verdadero desastre en
cuanto a funcionalidad y resistencia. El río es un medio
duro donde, si sumamos el trasiego de material pesado a la orografía-
a veces imposible-, resulta que el Land Rover es el vehículo
capaz de sobrevivir.
Tras pasar por especialistas mecánicos hemos conseguido
rediseñar sus funcionalidades de acuerdo con las características
de nuestro trabajo.
El staff de buzos de este año incorpora dos novedades a
los ya clásicos Xavier Martinell y Lucia Carulla, José
García y David Magdaleno, se nos han unido durante esta
campaña. Los responsables científicos (CSIC-DGA)
y yo mismo como responsable de la campaña y jefe de buzos,
somos las personas que iniciamos el pasado 15 de septiembre la
campaña 2002 en búsqueda de Auricularias.

Nuestra base de operaciones este año está situada
en Sástago, un pueblo ubicado en pleno Meandros del Ebro.
Es una villa muy particular, el Ebro lo abraza en dos de sus lados,
un meandro en forma de península exquisitamente llena de
vegetación. El Calamares es el único hostal que
existe en esta localidad. En él nos encontramos los que
venimos de Barcelona, Zaragoza o Madrid un día antes del
inicio de los trabajos. A través de un parroquiano localizamos
un local gigantesco donde almacenar y limpiar el material, así
como cargar botellas y hacer las reparaciones (seguro que las
habrán) de motores y demás equipo.
Nada más llegar descargamos y instalamos el compresor.
Montamos varios transectos con diferentes medidas. Este aparejo
será nuestro 'Hilo de Ariadna' que guiará a los
buzos en inmersión. Está provisto de boyarines lastrados,
adecuados para su visualización desde superficie y para
un fondeo correcto. Con dimensiones de hasta 80 m. constituyen
un enorme mecanismo que se moverá con la ayuda de una zodiac
cada vez que variemos de zona. Se transportan en cajas de plástico
resistente, con diferentes configuraciones.
Hinchamos la embarcaciones y las aparejamos con cabos de remolque,
bichero, remos y un pequeño bidón que contiene útiles
y herramientas: llave inglesa, destornilladores, el inevitable
tabaco y mechero, cinta americana, bengalas, una navaja y papel
higiénico. Las comunicaciones con tierra se realizan por
medio de radios introducidas en bolsas estancas y teléfono
móvil. Es muy importante el cargamento de útiles,
necesarios en plena faena, pero tanto más que llevarlos
lo es su correcto estibaje. Al largar el cabo del transecto por
la popa es frecuente que se enrede con algunos de los útiles
de trabajo, por lo que todo está amarrado a la zona de
la proa de la embarcación.
Las zodiacs son de pequeño tamaño, el poco calado
del río y la necesidad de levantar en vilo la embarcación
para sortear un azud o un amontonamiento de vegetación
priorizan la utilización de este tipo de barcas. Si las
zodiacs fuesen de mayores dimensiones sería imposible superar
dichos obstáculos sin tener que movilizar a todo el personal
con lo que perderíamos operativa. Además este año
hemos incorporado un motor de 8 cv. y cuatro tiempos. Este pequeño
motor de solo 35 Kg. posee potencia más que suficiente
para poder arrastrar los transectos o mover todos los equipos
de buceo aguas arriba y abajo, recorriendo distancias que en un
día pueden ser de varios kilómetros y transportando
pesos de hasta 300 Kg. sin problemas.
El equipo de emergencia consiste en un gigantesco botiquín
y un equipo de respiración asistida-reanimación
RCP homologado. En combinación con el equipo de comunicación,
son la médula espinal de nuestro plan de evacuación
(plan de riesgos). Recordemos que trabajaremos en áreas
sin cobertura telefónica y con difícil acceso, por
lo que debemos contar en algunas ocasiones sólo con nosotros
( y nuestra radio) para poder salir adelante ante cualquier eventualidad.
Completa este cargamento un extintor de polvo de considerable
tamaño, ya que transportamos diferentes combustibles para
las embarcaciones y motobombas.

El GPS y una sonda adaptada a la zodiac complementan con las radios,
las cámaras de foto y video digital, un PC portátil,
las sondas de PH, temperatura y salinidad el numeroso equipo de
electrónica de campo. Herramientas que nos permiten la
toma de datos en la zona a prospectar, posibilitándonos
mandar cada día una base de datos todos los parámetros
recogidos en el río.
Los equipos de buceo empleados son absolutamente corrientes. Trajes
isotérmicos, conjuntos botella/chaleco/regulador, ordenador
de inmersión, además de las gafas, aletas y cinturón
de lastre. Nada espectacular a pesar de lo aparatoso que resulta
moverse con toda esa cantidad de material por el barro.
Reflexionando sobre ello, pienso en que hoy será el único
día que veamos todo el material en su verdadero color.
Mañana todo se volverá marrón al entrar en
contacto con el barro que es el medio en el que viviremos durante
estas tres semanas.
Al día siguiente la jornada se inicia con un aparatoso
desayuno a base de huevos con morcilla o beicon, por parte de
los buzos y yo mismo (que seré el barquero toda la campaña)
y unas sobrias tostadas con café con leche por parte de
el equipo científico. Los parroquianos del bar miran como
devoramos tan suculento banquete, tras el que partimos hacia la
primera zona de muestreo.

Montamos y botamos la zodiac y yo me encargo de largar el primer
transecto. Es una alegría volver a surcar estas aguas.
El peculiar color verdoso del Ebro se ha trocado en marrón
a causa de las últimas tormentas río arriba. Los
buzos se sumergen y así quedo a la espera, a la sombra
de un chopo que proyecta su sombra en la orilla. Me embadurno
con una protección solar que parece una especie de yeso
sentado en la borda de la zodiac, mientras veo cruzar a poca distancia
de la superficie un martín pescador.
Este es el mundo del río, no sólo formado por las
especies piscícolas, los pájaros están omnipresentes
en este biotopo: águilas, buitres, garcetas, garzas e infinidad
de pequeños pajarillos dan un toque alegre a la jornada
que transcurre lentamente. Así las horas pasan transecto
tras transecto hasta la merecida comida.
En la zodiac hace calor pero el agua está más fría
que en temporadas pasadas. Recuerdo que el año pasado,
en Julio, llegué a estar a 50 °C. en la cola de Mequinenza.
Fue un autentico suplicio en el que fui víctima de una
potente insolación. El agua está a 20° C., pero
tras cuatro horas de agua el frió se ha apoderado de los
buzos y la comida es una oportunidad de recuperar calorías
al sol. Desprovistos del húmedo traje, el clan devora bocatas
del lomo con pimientos, tortilla de jamón y demás
suculentas especialidades mañas.
Nuestro perro, Crit, va pillando todo lo que se pone a su alcance.
Desde hace dos temporadas es nuestro fiel compañero. Es
un ser perspicaz, todo inteligencia, y nuestra mascota que participa
en todos las actividades del clan.
Un granado que crece a la orilla del rió, nos ofrece sus
rojos frutos para los postres. así es el rió con
nosotros, que nos ofrece un dulce como colofón a esta momentánea
pausa de la comida.
Tras una hora de descanso, volvemos al agua. Fumo mientras oigo
el lento barbullar de las burbujas al romper la superficie. Para
mi es un sonido que indica que todo va bien. Crit está
a mi lado vigilando en todo momento que no pase nada. El animal
reconoce la identidad de los buzos por el olor del aire expelido
por sus booquillas. Siempre tiene localizado a Xavi (vive con
él) por quien siente verdadera locura.

Llegan las seis y recogemos el material, colocamos las barcas
en el Land Rover y volvemos a Sástago para cargar aire,
aclarar los equipos y ducharnos para intentar desprendernos del
barro que, adherido a nuestros cuerpos, ya forma parte de nosotros.
La cena es algo muy importante para todos nosotros. Se llegan
ha hacer verdaderas conjeturas a cerca de la composición
de las mismas. Este año estamos en un nuevo hostal / restaurante,
"El Monasterio de Rueda". En verdad os diré que
hemos mejorado. Aquí el churrasco es doble y las judías
con oreja son una verdadera delicia. Pero lo que nos vuelve locos
es el flan de la casa. Desvariamos sobre la cantidad (en metros)
que podríamos comer de este delicioso pudín de manzana,
al que golosamente añadimos spray de nata.
Tras este dulce fin de fiesta nos derrumbamos en la cama, estamos
exhaustos después de nuestro primer día en el Ebro.
LLUVIA
Hemos tenido suerte durante la primera semana en cuanto al tiempo.
La siguiente semana amanece con un gris plomizo y el Cierzo hace
su aparición. Me equipo con los imprescindibles vadeadores,
una chaqueta de agua con capucha y mi habitual sombrero "Indiana".
En el cauce sopla un ventarrón que me hace derivar y derrapar
con la valiente zodiac. Aunque la lluvia no es muy intensa la
sensación de frío de los buzos no es fictícia.
El agua está a 15°C. y se sienten helados en los ahora
poco adecuados trajes de 5 mm. Obviamente, los 5 mm. no son suficientes
para estar cuatro horas a esa temperatura, así que decido
que vayamos a comer caliente al restaurante.
Los parroquianos nos ven aparecer con curiosidad. Nunca en la
historia de la región se había visto comer a cuatro
buzos vestidos con su correspondiente traje isotérmico
en un bar. Lentejas, arroz a la cubana, ternasco y demás
delicadezas ponen momentáneamente en fuga al frío.
La vuelta al agua es traumática, evidentemente sigue tan
fría como antes y el Cierzo, erre que erre, sigue soplando
como si alguien hubiese dejado abierta una puerta en Siberia.
Terminamos en una hora y salimos corriendo de allí. Los
buzos hacen todo el camino de vuelta tiritando y se aprietan en
el Land Rover como medida correctora. En el almacén nos
secamos y nos desprendemos de toda ese frío y humedad.

MAS LLUVIA
La cosa se complica al subir rió arriba hasta Luceni. Allí
nos ubicamos en uan pensión llamada "Venus",
un lugar un tanto siniestro. Llegamos de noche y esta circunstancia
hace más tenebrosa la gigantesca sala de banquetes en la
que somos los únicos ocupantes.
La comida es pasable y las habitaciones confirman mis sospechas,
se trata de un antiguo burdel (o quizá, no tan antiguo).
Encima de la cama, un par de angelitos, en postura más
bien sexy, delatan el uso que se le ha dado a estos aposentos.
Si triste ha sido la llegada, el despertar es más desesperante.
Cae la de Dios. Una persistente lluvia se desploma sin cesar de
un cielo gris y sombrío. Aquí también hemos
conseguido localizar un local donde poder guardar el material.
Allí nos reunimos todos para cargar los equipos y embarcaciones.
Se nos unen un agente de la DGA y dos compañeros en prácticas.
Hoy nos acompañaran para aprender a botar su embarcación
y navegar por el rió. Nos equipamos mientras el agua corre
por nuestros impermeables, mientras las zodiacs se deslizan hacia
el agua, que por cierto tiene un calado mínimo y está
sembrada de pedruscos sumergidos que amenazan la integridad de
motores y embarcaciones.
Iniciamos el muestreo en un caño que corre paralelo al
rió. Es estrecho y el agua fluye a gran velocidad. Amarramos
el transecto a un árbol y los buzos descienden por él,
para intentar palpar el fondo de grava lavada y roca madre, donde
podrían ocultarse las ya huidizas Margaritiferas.
Dejo caer la zodiac por la corriente con el motor levantado, hay
tan poco calado que noto a través del suelo como roza con
la grava del fondo. Río abajo atraco en la orilla y me
quedo en el margen, bajo un chaparrón cada vez más
intenso.

El transecto es mas fácil de mover desde el agua por
lo que los buzos lo mueven a mano. Bajo la lluvia, vigilo que
toda la maniobra se lleve a cabo sin problemas. Al ver que todo
resulta fácil, bajo a inspeccionar la isla formada entre
el cauce del río y el caño en el que estamos metidos.
Las islas de los ríos son lugares fascinantes. Poseen una
densa vegetación, a veces impenetrable, sin embargo, siempre
puedes encontrar un sendero utilizado por pescadores que lleva
invariablemente a la otra orilla. Éstas son lugares de
hallazgos muy interesantes. Los objetos arrastrados por el río
quedan varados en ellas durante las crecidas, así que te
puedes encontrar con un increíble caos de masa forestal,
constituida por troncos muertos y ramas arrancadas por las riadas.
También es una zona donde localizas esqueletos de los animales
que mueren ahogados como las ovejas, o que son arrojados por los
humanos, como es el caso de gatos, perros, conejos y demás
mamíferos. Osarios donde si eres coleccionista de cráneos
como yo, puedes hallar verdaderos tesoros. Por desgracia, el hallazgo
más habitual consiste en bidones de plástico con
inquietantes etiquetas en las que se avisa de la toxicidad del
contenido. Envases de plástico de insecticidas, herbicidas
o de productos químicos empleados en la industria. Muchos
de ellos desprendiendo olores dulzones, de los restos del contenido
venenoso que todavía se halla en el interior. Esta otra
forma de contaminación pasa desapercibida para quien no
camine entre estos lugares donde jamás imaginarias la existencia
de semejantes venenos.
En una playita río abajo preparo un fuego para calentar,
tanto al personal como a los sufridos buzos que se hallan en estos
momentos gateando sobre un calado de 50 cm. a la búsqueda
de náyades. Tras conseguir encender fuego con leña
mojada, no sin esfuerzo, la hoguera arde con una buena llama alimentada
por los numerosos leños que abundan en la zona.
Comemos dentro del Land Rover apiñados como sardinas. Solo
así conseguimos que no se mojen los bocatas maños
que ingerimos con un hambre canina. Luego con un toldillo que
nos protege del diluvio nos atrincheramos ante el fuego, que ahora
ya alcanza una altura considerable. Nos humea la piel del calor
que desprende.
Estamos aparcados dentro de una chopera gigantesca. Los árboles
allí plantados están alineados como una compañía
de soldados a la espera de revista. En el seno de esta masa verde
y amiga solo se oye el interminable goteo de la lluvia y el crepitar
de la hoguera. La verdad es que aquí se respira una verdadera
paz, a pesar de lo incómodo que pueda pareceros la escena.
Estamos envueltos de agua por el río y desde el cielo y
como seres de agua que somos, estamos felices.

Por la tarde primera Margaritifera es sacada a la superficie,
con el consiguiente revuelo del clan que prácticamente
está ya convencido de que no hallaríamos ningún
ejemplar vivo. No sólo una, alrededor aparecen más
ejemplares. Por fin hemos demostrado que todavía quedan
zonas con náyades vivas tras cuatro años de muestreos.
Para nosotros es un momento verdaderamente importante que pone
la moral de equipo por las nubes (nunca mejor dicho).
Cojo una Margaritifera con mis manos. Es enorme y muy pesada,
me sobrepasa en varios centímetros el tamaño de
mi mano. El periastro es de color negro por la parte en que el
animal está enterrado. La parte expuesta a la corriente
está cubierta por una alga de color verdoso. Este ejemplar
según los científicos debe tener más de 40
años, pesa más de 1 Kg. y mide 25 cm, lo cual me
hace reflexionar sobre las cosas que habrá sufrido, en
un medio, tan oscuro como el seno del río. Al depositarla
en una cubeta con agua, saca un inmenso pie e intenta ponerse
vertical. Increíble el instinto de supervivencia de este
bivalvo.
Tras varios días en la zona y tras etiquetar e identificar
a los habitantes de esta colonia, volvemos de nuevo hacia Sástago.
FIN DE CAMPAÑA2002
Han pasado casi la tres semanas y de nuevo en Sástago,
lugar al que consideramos como nuestra casa. La gente del pueblo
y sobre todo el staff del hotel donde estamos instalados, nos
han cuidado como si ya fuésemos de la familia.
Los buceadores han sido los más famosos durante estos días.
El que dos de ellos diesen de comer a los tiburones de L'Aquarium
de Barcelona, ha sido motivo de un bombardeo masivo de preguntas
y multitud de invitaciones a cervecillas (que se han bebido con
gran empeño por su parte), excusa para indagar sobre la
ubicación de los siluros (sirulos en maño) y sobre
la existencia de esturiones (asturiones, en maño también).
Por aquí la pesca deportiva es una afición que practica
casi todo el mundo sin diferencias de sexos o edad. Por lo que
la localización de los siluros gigantes es una información
valiosísima.
Iván es el que lleva el hotel en el que nos hallamos, "Monasterio
de Rueda", en compañía de la vigilante mirada
de su madre. Su padre también está tras la barra
y lo volvemos loco al inundarlo de pedidos, vermuts, aceitunas
(muertas de Aragón), puntilla (chipirón) o pimientos
de Padrón.


Aquí se come más que bien. El clan devora sin piedad
todo lo que sale de la cocina de esta buena gente, que nos sorprende
cada día con carnazas y demás exquisiteces de la
zona. Cardos, ternasco y unos entremeses que tras horas de río
entran estupendamente. Sólo la tristeza nos aborda al tener
que volver a nuestra ciudad, Barcelona. El inevitable fin de nuestra
estancia en Aragón, se hace realidad y tras una ultima
comida en compañía de los ya compañeros de
la DGA, Nacho, Rafa y Ramón M. Álvarez Halcón,
cargamos nuestro Land Rover y nos despedimos de Iván, su
familia y de todos los amigos de Sástago, con la promesa
de volver el próximo año 2003.
A todos ellos, mil gracias.
