
SOBREVIVIR AL CANCER
Se me ocurre para empezar, el decir que encontrarte en una
situación como la que hace un año tuve que hacer
frente, es una de las cosas que jamás pensarías
que te van a suceder.
La historia se inicia, como cualquier enfermedad o dolencia física,
con unos síntomas. El cuerpo humano siempre nos avisa que
algo anda mal, sin embargo la mente algo tan poco inteligente
siempre tiende a hacer caso omiso de estas señales de alarma.
Así pues, recuerdo que hacia más de un año
que sufría frecuentes anorragias. No muy abundantes ni
frecuentes al principio, sin embargo la cosa a lo largo de los
meses fue haciéndose más asidua y acompañada
de una urgente necesidad de ir al baño.
Por mi trabajo, muy movido físicamente hablando y con frecuentes
lapsos de inactividad frente al ordenador, la explicación
que me daba a mi mismo, era la de una potente fisura anal. Al
final decidí ir a urgencias y el consabido tacto rectal,
me confirmaron que tenia una fisura, sin embargo con buen tino,
el doctor me recomendó que fuese al especialista.
Obviamente tarde unos meses más (creo que cuatro) en acudir
al especialista del aparato digestivo. Tras el siguiente tacto
rectal, ya me dijo que tendríamos problemas, al inicio
del ano notó una protuberancia lo cual era indicio de un
pólipo. Me dio hora al momento para una endoscopia.

Recuerdo hace años haberme interesado por los endoscopios,
me vino a la mente el hecho de que además de utilizarse
para penetrar por todo tipo de orificios, siendo además
estanco, sería de gran utilidad para filmar en panales
de abejas, hormigueros, nidos de aves o pequeños mamíferos.
Sólo pensar que esta vez iba yo a ser el explorado por
semejante artilugio de tortura, hizo que en la cabeza se me pusiesen
los pelos como escarpias. Sin embargo, el doctor me dijo que en
la actualidad estas exploraciones se realizan con sedación.
Lo cual sólo me tranquilizó un poco, ya que la posibilidad
de malas noticias y el talante serio del doctor, sumado a un mal
presentimiento hizo que la espera de los cuatro días fuese
una tortura.
El proceso de preparación de una endoscopia consiste en
ir suprimiendo ciertos tipos de alimentos que generan residuos
difíciles de eliminar, pasando a una dieta de líquidos
en la que además tomas un purgante apto para caballos.
Irremediablemente pasas varias horas entre el retrete y las tomas
del brebaje limpiador que sabe verdaderamente a rayos.
El día de la endoscopia, acompañado por mi compañera
y mi tía, acudí al hospital de día donde
tras equiparme con esos gorros, zapatillas y una especie de delantal
de papel- sospechosamente abierto por detrás- me clavaron
un catéter con una solución intravenosa. Ya en la
camilla me preguntaba cómo sería el efecto de la
anestesia. Jamás me he desmayado, ni me habían sedado
hasta entonces, por lo que sentía una mezcla de curiosidad
y miedo ante lo desconocido de esta experiencia.
Recuerdo perfectamente el efecto y el momento. La anestesista
clavó en el tubo una jeringa con un líquido lechoso,
y en pocos segundos tras un inmenso subidón, todo se volvió
negro.

DESPERTAR
De un dulce sueño volví lentamente a la realidad
con una inmensa sorpresa al no haber sentido absolutamente ningún
dolor, pedí inmediatamente a la enfermera que repitiésemos
la experiencia y que me dijese cómo había ido. De
nuevo percibí una seriedad tras la que se ocultaba una
terrible verdad, como me confirmó el doctor poco después.
El diagnóstico fue que me preparara para una amputación
de recto ya que tenía una cantidad considerable de pólipos
en el colon, además de un canciroma de grandes dimensiones
justo encima del ano. Esto quería decir que usaría
el resto de mi vida un ano contra natura, es decir, utilizaría
una prótesis en forma de bolsa para defecar.
La bomba cayó sin estrépito en una sala blanca,
que antes era cálida y acogedora, de repente se transformó
en una gélida estancia donde había hecho presencia
la terrible palabra que es el cáncer.
Mi Sonia y mi tía, siempre al lado, me acompañaron
a casa en una mañana cargada de malos presagios, lluvia
y viento que se sumaban al huracán que bullía en
mi cabeza. Malas noticias de momento, hasta no tener la confirmación
de las biopsias extraídas y pasarlas por los análisis,
además de saber si el cáncer se había extendido
en una metástasis o habría complicaciones con otros
órganos cercanos.
El recuerdo de la desaparición de nuestro amigo Jimi Nácar,
desde su diagnóstico a su muerte pasaron sólo unos
meses, fue una verdadera pesadilla que planeó hasta que
las pruebas nos dieron la confirmación de que el pólipo
era maligno, pero que no se había desarrollado la terrible
metástasis.
Días de ecografías, tacs y pinchazos. Odiaba y temía
a los pinchazos como a pocas cosas, pero eso cambiaria muy pronto
ante tales expectativas.
Inevitable amputación del ano y parte del intestino grueso,
construir un ano artificial y depender de llevar una bolsa pegada
a la barriga para siempre, y esperar que no hubiera más
órganos afectados. Mis dudas sobre saber si podría
seguir trabajando como buzo o pescar una lubina con mi fusil para
cenar, eran mi mayor preocupación. Esa era la cruda realidad
a la que me enfrentaba. El conocer el nivel de calidad de vida
y las limitaciones a las que me vería sometido. El fin
de mi vida analógica como yo la entendía, trotar
por el monte o la playa, viajar a Papua y estar unas semanas en
la selva, pensar en que me podrían robar o perder las bolsas
en el Camerún y qué coño podría hacer
en semejante situación.
CIRUJANOS
La primera vez que entre en la clínica de la Sagrada
Familia y me senté en la sala de espera con el resto de
pacientes, fue el primer paso sin retorno hacia el quirófano.
Fui con Sonia e insistí en entrar solo a la consulta. Creo
hoy todavía que hice lo correcto, quería saber ante
todo a que atenerme y sobre todo ver al artesano al que pondría
literalmente mi culo en sus manos.
Cuando vi al Dr. Sáez, tuve la sensación de estar
en presencia de Carlos Virgili, debido a un cierto parecido físico,
lo cual en ese momento me hizo sentir más tranquilo. Le
dije literalmente que venía a que me realizasen una amputación
de ano, ya que me habían detectado un pólipo maligno,
en suma cáncer de colon.
Su cordialidad, su modo de explicar en que consistía la
operación, sumado a la noticia de que ellos podían
realizar cierto tipo de intervenciones muy especiales, como en
mi caso, con una posibilidad de reconstruir el recto, elevaron
mi moral a un nivel como no había tenido desde que nos
cayó la noticia. Le pregunté si podría volver
a bucear en caso de que no fuese posible salvar mi ano, me dijo
que podría hacer lo que me propusiera, con o sin bolsa.
El buen doctor ya me daba hora y día para pasar por sus
manos y la del Cirujano Jefe Dr. Martí Ragué, dentro
de mi conmoción y remolino de sentimientos le pedí
si era posible que me diesen diez días para poner en orden
mis cosas, petición con la que estuvo de acuerdo.
Días de replantear el futuro, valorar lo que vale la
pena, dar la mala noticia a mis amigos. Recuerdo haber sido muy
directo en esas ocasiones y cómo la gente se quedaba en
blanco al ver a aquel pobre hombre que contaba sus penurias en
voz alta a quien quisiera escucharle. Sin embargo, creo que fue
una manera de admitir lo que era inevitable ante mi mismo.
Transcurrieron los días mientras en mi familia, aparte
de Sonia y mi tía, seguían sin saber nada. Esperamos
a tres días antes de ingresar para dejar caer la noticia,
que como imaginareis fue terrible para todos. E incluso a la misma
operación para los que vivían más lejos,
la querida familia de mi compañera, aún más
con una situación grave que afectó a mi cuñada
y su familia en las mismas fechas.
QUIROFANO
La entrada en la clínica de la Sagrada Familia se realiza
un día antes de la intervención. Lo primero que
me llamó la atención fue la cama. La sensación
de que ese artefacto y yo íbamos a pasar unos días
juntos y que iba a pagar el precio de la curación con paciencia
y dolor.
Antes de una intervención de abdomen se debe estar en ayunas
y con las tripas limpias, por lo que esa noche volví a
tomar fosfosoda, el purgante para caballos además de una
pastilla para impedir el movimiento de los intestinos durante
la intervención.
La visita de la enfermera con la misión de ubicar en mi
barriga la posición de la bolsa fue como si la realidad
se hiciese más patente por momentos. Nos muestra la bolsa
de colectora de heces y el funcionamiento del cierre hermético
que permite su sustitución. Como cambiarla y como sustituir
la base adhesiva va a ser una tarea que todavía no sabemos
si iba a ser temporal o para siempre.
La bolsa es muy plana, tiene un anillo acoplador que se sujeta
a una base adhesiva, esta se adhiere a la piel alrededor del bucle
del intestino que sobresaldrá de mi abdomen. Marca la posición
de la base con rotulador en dos posiciones, a la izquierda y derecha
de mi ombligo.
Sonia y yo pasamos la última noche de mi existencia tal
como yo la había conocido hasta ese momento durmiendo apretados
en la cama, nuevo elemento en nuestra relación futura.
El día de la intervención me endosaron un catéter
con suero, y la verdad es que tengo pocos o ningún recuerdo
de cómo paso el tiempo en compañía de mi
madre, mi tía y Sonia, hasta las 15 horas, momento en que
descendí hacia el quirófano absolutamente sedado.

INTERVENCION
La operación, por lo que me contaron duro más
de cinco horas. La técnica de la intervención explicada
de un modo simple y fácil de entender, consiste en cortar
toda el área infestada de pólipos, recortando alrededor
del ano para quitar el pólipo maligno, reconstruyéndolo
a continuación con un fragmento de intestino. Para que
las suturas internas cicatrizasen, realizaron una iliostomia,
es decir sacaron un bucle de intestino delgado, por el área
marcada con rotulador a fin de eliminar las heces por una pequeña
apertura practicada en dicho bucle. Este fue cosido a la piel
de modo que no se moviese. Además dieron unos puntos a
la parte de intestino delgado posterior a la iliostomia, para
impedir el paso de las heces hacia la zona en cicatrización.
OSCURIDAD
La salida de las tinieblas fue muy suave y dulce. Lo primero
que hice fue comprobar si mi culo seguía en su sitio de
siempre, o me había abandonado. La alegría que sentí
al verificar que seguía conmigo y la cantidad de sedantes
que debía llevar en mi cuerpo, me devolvieron rápidamente
al sueño y a la oscuridad.
La cara de una de las enfermeras apareció en una suave
vuelta a la realidad. A su lado la otra me llamaba para que despertase
y mi primer pensamiento al ver que llevaban pantalones, fue
decirles que esto era un fraude, que las enfermeras que yo conocía
llevaban minifaldas y ligueros y salían siempre en las
películas del viernes por la noche en el canal+. Entre
risas y de nuevo entre los vivos, comprobé que tenia más
tubos en mi cuerpo de los que podía imaginar.
En la parte superior de mi pubis encontré una considerable
cicatriz sujeta con grapas, de ella sobresalía un tubito
(de drenaje) para que evacuase el seroma procedente de la herida,
que por cierto tenia forma de mordisco de tiburón. De mi
pene, salía otra sonda, para eliminar la orina; de mi maltratado
ano,salía otro drenaje además de un trozo de piel
o carne que sobresalía de dentro. En el perchero, la habitual
botella de suero y otras exquisiteces químicas en mi antebrazo.
En el lugar de la iliostomia un trozo de carne en forma de hamburguesa
de unos 4 o 5 cm. de diámetro, envuelto en una leve gasa.
La sensación de gruyere , el estar conectado a la famosa
maquina que emite el "ping" de "El sentido de la
vida" (Monty Phyton), en la UVI y ser el centro de atención
de todo el mundo, debo decir que fue muy agradable. Supongo que
la morfina, o la química endovenosa, contribuyó
a que los días (ignoro cuantos) en que estuve allí
no fuese consciente de nada.
La vuelta a la habitación, el ritmo diario de días
y noches y por fin el ya olvidado tema de volver a beber agua.
En las operaciones de abdomen no se toma ningún líquido
ni se ingiere alimento hasta pasados unos diez días, para
dar tiempo a la cicatrización de las heridas internas.
La alimentación, el agua y los medicamentos necesarios
para la recuperación son administrados por vía endovenosa.
DOLOR
Tras esta experiencia, puedo decir que existen diferentes
tipos de dolor.
El provocado por el aire que ha quedado atrapado en mi interior.
Burbujas semejantes a las producidas por una sobrepresión
pulmonar (accidente de buceo), corren por mi hombro , por mi barriga,
dando una molestísima sensación y un dolor constante
que cambia de ubicación sin ningún motivo aparente.
El de los tirones de la sonda insertada en mi pene, cuando voy
al baño. Debo arrastrar siempre toda la parafernalia de
tubos y sondas, que tienden a engancharse por todas partes.
El de la herida, como un escozor en torno a la cicatriz, por
cierto la piel ha perdido toda su sensibilidad en una franja
de unos dos centímetros a su alrededor .
El malestar general y la sensación de haberme comido un
ternasco y que este vivía en mi estomago no paraba. Por
si no estaba todavía bastante conectado, se me introdujo
otra sonda, naso-gástrica, para drenar el contenido de
mi estómago (sangre y demás fluidos). Morfina (derivados)
y tranquilizantes en dosis considerables atenúan levemente
el dolor, mientras pasan los días contemplando la cicatriz
y asaltándome continuamente la duda de si eso curará
algún día.
VISITAS
Siempre he preferido no visitar, en medida de lo posible,
a los enfermos en un hospital. Sinceramente creo que por causa
de las circunstancias que normalmente hacen que las personas acabemos
en el taller de reparaciones que es este lugar. A pesar de el
ambiente aséptico y de la normalidad que se respira en
una clínica, tras las paredes se esconden los sufrimientos,
miserias y penurias de la raza humana. El dolor de enfermos y
el sufrimiento de los amigos y familiares, por no hablar de las
pruebas de todo tipo a las que deben someternos para intentar
averiguar qué nos sucede.
Mi familia impidió que la gente que se acercó a
saber sobre mi estado accediese a la habitación, mi malestar
durante esos días fue muy grande y mi estado psicológico
no estaba para relaciones sociales. Agradezco desde aquí
a todas las personas que estuvieron en contacto con mi familia
para saber como evolucionaba mi estado en aquellos días
oscuros. Debo decir que mis familiares hicieron lo correcto, necesitaba
reposo y tranquilidad para recuperarme de semejante intervención.
BEBER
Es obvio que todos los marinos hemos pensado que el peor tormento
que existe es la sed. Os diré que ésta no fue muy
difícil de soportar, humedeciéndome la boca con
agua, pero sin tragarla, y sobre todo reflexionando sobre ello
a posteriori. La toma de líquidos en este estado provoca
el vómito irremediablemente. Pasados unos nueve días
me dejaron beber agua en pequeños sorbos.
Fue como descubrir algo de nuevo.
Antes de esta experiencia sólo bebía coca cola,
cerveza o cualquier otra cosa que contuviera gas, agua casi nunca.
Tras la operación el agua pura y cristalina era como un
dulce bálsamo, disfrutaba con el simple placer de dejarla
deslizar por mi garganta.

COMER DE NUEVO
Antes de iniciar las comidas me instalaron la bolsa colectora
de heces. Mi pequeña iliostomia en forma de hamburguesa
se había transformado por si sola en un bucle del que salía
una papilla clara, mis deposiciones.
Este bucle formado con mi intestino delgado parecía tener
vida propia, con movimientos suaves y palpitantes. Era el indicio
de que mi intestino había empezado a funcionar, bombeando
comida hacia el exterior.
La base de la bolsa se adhiere fácilmente a la piel alrededor
del bucle, formando con la bolsa propiamente dicha un receptáculo
donde las heces se van acumulando hasta que el contenido llega
a un nivel en el que se hace necesario vaciarla. Para ello en
la parte inferior lleva una pinza que la cierra herméticamente.
Debo decir que esta prótesis no es incómoda en absoluto,
sin embargo el efecto psicológico que causa en las personas
que deben llevarla es muy variado. Por otros pacientes que había
conocido antes de mi intervención, sé que la mayoría
se habían quedado en casa o reducido al mínimo sus
actividades físicas o laborales; llevar una prótesis
siempre es deprimente, sin embargo creo que me tomé la
cosa con bastante tranquilidad, ya que además, se presentaron
nuevos problemas.
INFECCION
La sensación de malestar que ya duraba unas semanas
estaba llegando a límites insoportables. La infección
había hecho su aparición, cosa muy frecuente en
intervenciones de alto riesgo, por lo que me sumí en un
estado de apatía y abandono que junto a mis constantes
pesadillas me dejaron postrado. A la desaparición del apetito
y el continuo uso de calmantes se unió una batería
de pruebas, TAC´s, ecografías, más pinchazos
para analíticas a la búsqueda del virus o de la
causa del mal que me estaba comiendo por dentro.
La espera de los cultivos llevo más de cinco días,
y otras series de cinco infructuosos, en los que recuerdo como
una etapa absolutamente gris en la que la comida se quedaba intacta
al lado de mi cama. Para colmo soy alérgico a casi todos
los medicamentos comunes, penicilina, cefalosporinas, nolotil,
cibalgina y demás exquisiteces clínicas, por lo
que la medicación (si hallaban la causa), no sería
fácil.

FIEBRE
En esta nueva etapa en las que la fiebre de hasta 40°,
hizo su aparición, lo más desconcertante es que
las cultivos salían limpios. Sin querer alargarme excesivamente
, la cosa acabó al descubrir un abceso en el mismo ano
mediante una ecografía interna, un test clínico
que no recomendaría ni a mi peor enemigo. Tras la consiguiente
tanda de medicamentos y la vuelta a una mínima estabilidad
me había quedado prácticamente en el chasis, la
perdida de peso era tan evidente, que mi aspecto daba pura pena.
EL ALTA
Tras casi dos meses de hospitalización, con varios
intentos de volver a casa que acabaron con nuevos ingresos, recibí
la que seria el alta definitiva, por el momento, justo antes
de las Navidades del 2003. Un buen fin de año para mis
familiares a los que esta situación les estaba desgastando
terriblemente.
A pesar de todo y como colofón final a esta primera parte,
os diré que todavía llevaba una sonda en el pene
además de la consabida bolsa colectora de heces, por lo
que el moverme era una verdadera odisea. Mi carácter nervioso
y hiperactivo volvió con verdadera furia tras este compás
de casi dos meses. Debía arrastrar la maldita bolsa de
la sonda atada a mi tobillo.
Durante el proceso de curación, y en parte por la complicada
operación que afectó a otros órganos cercanos
a demás del aparato digestivo, se formó un cálculo
en la vejiga urinaria, el cual me impedía orinar, la sonda
se debía cambiar cada semana, lo que era un suplicio ya
que esta salía cubierta de cristales de ácido úrico
que me dejaban el tracto urinario echando chispas. La maniobra
de retirar una sonda es verdaderamente simple, se deshincha el
pequeño globo que impide que salga por si sola, a continuación
se tira de ella al mismo tiempo que se contiene la respiración.
En esto las enfermeras eran verdaderas expertas, aunque pocas
veces conseguí sincronizar el tirón con mi respiración.
Al final me sacaba yo mismo la sonda, la enfermera deshinchaba
el globito y yo la retiraba lentamente, parando cuando dolía.
De este modo conseguí no sufrir el suplicio de la retirada.
La introducción de una nueva sonda, era irremediablemente
molesta, es algo a lo que no me acostumbré nunca.

EL MAR DE NUEVO
Sonia y mi tía me acompañaron al puerto. Mis
compañeros de muelle se quedaron bastante acojonados por
mi aspecto. Con un bastón, sondado, con unas ganas locas
de hacer cosas, con un cuerpo hecho caldo y nada de músculos,
se me avecinaba una nueva etapa, la recuperación de mi
estado físico.
El Mar fue durante esa época mi fiel compañero y
amigo. Allí sucedió un día que tras retirarme
la maldita sonda, volví a orinar. Lloré de alegría
mientras oía el sonido de los cristales de ácido
úrico golpear contra el fondo de la probeta de cristal
(debía conservar la primera orina) y cuando al decantarla
observé incrédulo semejante arenilla procedente
de mi cuerpo.
Para esa época mi ano había reabsorbido el tejido
y tenía mucho mejor aspecto, aunque todavía no lo
utilizaba. Debía llevar la bolsa a la espera de un tiempo
prudencial para quitar la iliostomia, sin embargo no me dolía
y podía caminar sin problemas.
De ese modo a la orilla del Mediterráneo se inicio un largo
compás de espera mientras realizaba pequeños trabajos
manuales alrededor de mi nueva barca (un auténtico regalo
envenenado de mi tío Arturo), la cual reconstruí
con paciencia durante varios meses.
Llegados a este punto os confesaré que a resultas de esta
operación y sus circunstancia, perdí totalmente
la vergüenza (la poca que me quedaba) ante las innumerables
exploraciones a las que fui sometido. Recuerdo la sensación
de ocupar una mesa igual a la que ocupan las mujeres, con esos
soportes para colocar las piernas dejando tu sexo a la vista de
todos, y sobre todo el consejo habitual del doctor recomendando
que te relajes. Desde entonces creo que soy más solidario
con ellas, es terrible sensación de impotencia que se siente
cuando alguien hurga en tus entrañas.
También soy insensible a las inyecciones, recibí
innumerables dosis. Tanto para las tomas de medicamento como para
extraerme sangre. Antes la visión de una aguja me ponía
a cien así como la perspectiva de los análisis habituales
para el buceo profesional.
Como veréis, soy una persona muy optimista. Tras la salida
del hospital hice algo que hoy en día considero que fue
muy acertado. No quedarme en casa y buscar una tarea para entretenerme
mientras el cuerpo, en su infinita sabiduría cicatrizaba
lentamente, cosa que ocurría a ojos vista. Paciencia, alimentarse,
estar ocupado, tomar el sol y más paciencia, esto me llevo
a la realización de mi primera inmersión con una
bolsa colectora.
DEFINICIÓN
El cáncer del colon es una enfermedad en la cual se
encuentran células cancerosas en los tejidos del colon.
En este tipo de cáncer hay una herencia familiar que se
trasmite por un gen (cadena de DNA), los portadores de este gen
pueden ser detectados y tratados muy precozmente
DIAGNÓSTICO
La detección precoz es fundamental por ello se deben
realizar exploraciones preventivas como el tacto rectal, la rectoscopia,
y colonoscopia, sobre todo el las personas que tiene factores
de riesgo (pólipos en el colon, colitis ulcerosa) o herencia
familiar de cáncer de colon. Se realiza también
un análisis de sangre para detectar el antígeno
carcinoembrionario (CEA), que se eleva en la sangre en este tipo
de cáncer.
Evolución de la diverticulosis de colon a cáncer
de colon.
A) divertículo. B) divertículo sangrante. C) Neoplasia.
ETAPAS DE EXTENSIÓN
La clasificación por etapas es una clasificación
que se realiza tras los estudios adecuados que puedan definir
la extensión del cáncer (de las células cancerosas)
por la mucosa del colon y por áreas vecinas o a distancia.
Etapa 0 o (carcinoma in situ). Células cancerosas
solo en tejidos superficiales del colon.
Etapa I. Células cancerosas fuera de la capa mas
interna del colon a la segunda y tercera capas y complica la pared
interior del colon, pero no a la pared exterior del colon (cáncer
del colon Dukes A).
Etapa II. Células cancerosas diseminadas fuera del
colon a los tejidos vecinos, pero no a los ganglios linfáticos.
(cáncer del colon Dukes B).
Etapa III. Células cancerosas diseminadas fuera
del colon y a los ganglios linfáticos vecinos, pero no
a otros órganos (Dukes C).
Etapa IV. Células cancerosas diseminadas fuera del
colon y por otros órganos del cuerpo (Dukes D).
Recurrente. Cuando vuelven a parecer células una
vez recibido tratamiento, pueden aparecer en el colon o a otra
parte del cuerpo (hígado, pulmones)
TRATAMIENTO
Para el tratamiento del cáncer del colon existen tres
clases de tratamientos disponibles, la cirugía, la radioterapia
y la quimioterapia
La cirugía se utiliza en todas la etapas de extensión
del cáncer de colon, pudiéndose utilizar:
En tumores cancerosos muy iniciales, se puede realizar mediante
el colonoscopio un corte del la zona afectada, que suele ser un
pólipo (polipectomía).
Si el cáncer es mayor se extirpara el cáncer y una
parte circundante de tejido sano, luego se conectan las terminaciones
resultantes, y se limpian los ganglios de la zona. Si la unión
se hace dificultosa se realiza una apertura del colon hacia el
exterior , lo que se llama colostomía. Esta puede ser transitoria
y al mejorar el cuadro volverse a cerrar. Si la colostomía
es permanente precisará de una bolsa especial para recoger
las heces.
La radioterapia en el cáncer de colon puede ser interna
o externa y se usa sola o con cirugía y/o quimioterapia.
La quimioterapia se realiza a través de un tubo que se
deja instalado en la vena mientras una bomba pequeña le
proporciona tratamiento continuo por un periodo de semanas, o
se realiza en inyecciones periódicas en la cánula
instalada. Se suele administrar tras la operación de cirugía.
En el cáncer de colon se puede aplicar un tratamiento biológico
con productos naturales o sintetizados para estimular ó
restaurar las defensas inmunitarias.
El tratamiento por etapas del cáncer del colon dependerán
de la extensión de la enfermedad y del estado general de
salud de la persona afectada.
