Dr. Romero in the World
Actualizado 8-4-99
La idea de visitar Cuba partió de mi amigo Alain Levy, al que conocí en Barcelona allá por el año 78. En esa época trabajaba como Dj. en un local de las Ramblas llamado Jazz Colon (hoy Frontón Colon). El local en cuestión estaba frecuentado por todo tipo de personajes de lo más patibularios: traficantes, prostitutas, travestís, calorros y demás gentes de buen ver.
Desde entonces Alain me escribía más o menos regularmente desde diferentes partes del mundo, seguía un curso de ESADE en París (su ciudad) y las prácticas consistían en estudios de mercado tan dispares como el de puertas blindadas en el Congo o levaduras en Cuba.
Moto
con sidecar © by Toni Romero 1996Por este motivo, por su conocimiento mundano y mi afición al video y la fotografía, decidimos realizar un documental en la isla mas grande del Caribe. Esta era mi primera salida a un país no europeo, estaba impaciente por sumergirme en aguas con arrecifes y conocer a gentes de cultura tan diferente.
Acordamos realizar dos reportajes independientes, uno sobre el mar y el otro sobre la realidad social de la isla.
Partimos hacia la Habana en Diciembre del año 93, Segundo Año del Período Especial que como sabréis fue el segundo año que Rusia retiró las ayudas económicas a Fidel. Estas consistían en petroleo y dinero, fundamentales para el sostenimiento de la economía de la isla, de hecho al suspenderse todo el sistema cubano se vino prácticamente abajo.
Tras la llegada, después un viaje larguísimo vía Madrid, nos trasladaron a Varadero para pasar la noche y volar al día siguiente a Cayo Largo. Este islote con un nombre que nos recuerda la película de John Huston y Bogard, es una colonia turística que poco tiene que ver con la realidad Cubana, en él no existe el racionamiento por lo que mi primera impresión de la isla fue bastante equivocada.
Nos instalaron en Villa Capricho, unos bungalows de ensueño en una playa paradisíaca de arenas blancas de coral. La pesca submarina no está expresamente prohibida en Cuba, sin embargo me aseguré preguntando al encargado de alquilar material de playa. Afirmó que no había ningún problema.
El equipo que llevé era el idóneo, un traje completo de 5 mm. aletas Sporasub y mi fusil de toda la vida, un Marlin de la casa Beuchat de 75 cm. (junior). Aunque la verdad estaba muerto de miedo, las aguas tropicales me eran absolutamente desconocidas, ignoraba si encontraría tiburones e imaginaba que si capturaba un pez y sangraba, podría tener problemas.
Me equipé y haciendo de tripas corazón me introduje en aquellas aguas misteriosas.
Los
niños de la Habana © by Toni Romero 1996Fue maravilloso, superados los primeros 50 m. de arena empezaba la zona de coral con tal cantidad de pescado como jamás podría imaginar. Estaba tan excitado que prácticamente fallé todos mis disparos, optaba por una presa e inmediatamente se cruzaba ante mi otra de mayores dimensiones, por lo que cambiaba contínuamente de objetivo. Mi primera captura fue un Jack-fish (serviola) de 40 cm. especie que me era muy familiar, a finales del verano, en el Rompeolas de Barcelona, capturaba asíduamente su variante mediterránea.
La siguiente presa la desubrí en un agujero, vi unos ojos gigantescos que me miraban y disparé inmediatamente. Al retirar el arpón saqué con grandes dificultades un tetrodón (pez globo) hinchado de agua. Este pez es venenoso aunque los japoneses lo consumen (fuju,), eso sí retirándole previamente el hígado que contiene la tetrotoxina. Los orientales consideran que no vale la pena vivir sin haberlo degustado.
Para destrabarlo, opté por soltar el sedal por la parte posterior de la tahitiana (arpón) para evitar hacerle más daño del que ya le había hecho. Sacarlo fue fácil, pasar de nuevo el sedal imposible. De pronto me di cuenta de que el fondo pasaba delante de mis ojos a toda velocidad, una corriente me estaba arrastrando a unos buenos 4 nudos. Suerte que el sedal de la boya estaba anclado por medio de una pesa de 1,5 Kg. y se trabó en el fondo, quedé así varado mientras el mar circulaba a mi alrededor como un río. Una situación de lo mas estúpida, a 100 m. de una playa desconocida, con una corriente de la hostia y cargado de presas que sangraban en un mar tropical.
Un catamarán con un Italiano que todavía tenía más dificultades que yo, vino derecho hacia mí. Le hice señas desde la superficie y como no me respondía, al pasar junto a mí lo abordé sin más preámbulos. El chaval no tenía ni idea de manejar el patín, y yo menos, de modo que dimos un golpe de timón hacia la orilla en la que acabamos varados, ante la expectación de los pocos allí reunidos.
El bungalow disponía de una neverita que acogió mis capturas para la cena, Alain es un gran consumidor de pescado por lo que esa noche hicimos una barbacoa en la playa.
Por la tarde Alain y yo fuimos en busca de un centro de buceo. El Dive Master era Israelito. Como Alain no tenía titulación de buceo le hicieron un pequeño entrenamiento en una piscina del que salió contentísimo y con ganas de bucear a lo largo y ancho del Caribe.
Para relajarnos dimos un paseo por villa Capricho y encontramos a una pareja de cubanos enzarzados en sacar el bicho que contenían unas caracolas que pesarían como 8 Kg. Se disponían a romperlas y les pedí que no las destruyeran para hacernos con ellas. Nos hicimos amigos inmediatamente. El mayor se llama Chino y el más joven, el Niño. Comentamos la idea de una barbacoa con nuestra pesca. El Chino, un gran erudito del mar, asintió y nos propuso pescar de noche (con sedal).
Jugando
a beisbol © by Toni Romero 1996Alrededor del fuego narramos historias de mares diferentes mientras los peces se asaban a fuego lento. Cigarrillos de tabaco Cubano, Populares y ron Habanna Club dorado como mis sueños, hacen que se suelten las lenguas y se inicie una amistad que durará hasta hoy. En la noche de este amado Caribe, la luna llena iluminaba todo con tal intensidad como jamás he conocido.
Por la mañana zafarrancho de rodaje, íbamos cargados como burros, la cámara que pesaba unos 28 Kg. lastre, trajes y demás impedimentos, son arrastrados tras un copioso desayuno a base de huevos, tortitas, picadillo, frutas, zumos y café.
Un minibús nos acercó a una embarcación que nos llevaría al exterior de la bahía de Cayo Largo, donde embarcaríamos de nuevo con el Centro de Buceo Cubano. El Israelito y el Gordo nos recibieron radiantes. A bordo varias personas más se disponían ya ha equiparse, todos ignorábamos dónde nos llevaban. Daba lo mismo, cualquiera de los arrecifes me serviría para empezar a rodar.
Amarraron la embarcación a una boya y como todo estaba listo nos dejamos caer por la borda. El agua no estaba muy clara y de una tonalidad verde no muy adecuada para rodar. El Israelito desciende con una bolsa de pan y rápidamente lo rodea un cardumen de roncadores hambrientos. Una vez en el fondo este San Francisco de Asís los alimentó con delicadeza para deleite de nuestros ojos. Fueron mis primeras imágenes submarinas del Caribe.

Me alejé del grupo en busca de más personajes. Los corales eran exuberantes, aunque la luz era tan mala que todo aparecía de color verde y pardo. No disponía de equipo de iluminación por lo que no hubo manera de corregirlo. Gorgónias gigantesca eran mecidas por la corriente, mientras pequeños pececillos ejecutaban un delicado ballet manteniendo su posición sobre ellas. Un pez en blanco y negro con una cresta encima, halló refugio en un intersticio de las rocas (jack-nife fish), fue increíble. La verdad es que era como los libros de mi bien amado Costeau. Tenía la misma sensación que al ir de pesca, la ansiedad hacía que moviera la cámara como si estuviese poseído. Al visionar el material confirmaría mis sospechas.
Volvimos a tierra para comer, langosta con arroz salteado de especias, yum yum. El banquete estuvo amenizada por un septeto Cubano, una banda de músicos excelentes que interpretan el "son", típico de Cuba. Alain, que es músico también, les pidió que interpretaran una canción llamada "kikiribu mandinga", una auténtica joya. Les prometimos grabarlos en video.
La cerveza cubana se llama "Hatuey", las botellas de medio litro eran excelentes acompañantes de esa langosta que se dice menos sabrosa que la mediterránea. Cierto, sólo que en Europa no tenemos el sol y ese color humano que hace que la diferencia sea insignificante.
De
paseo por el malecon by Toni Romero 1996Mientras Alain se daba una siesta di una incursión en la playita de delante de Villa Capricho. Aquel día el agua estaba como una balsa de aceite y disfruté con la compañía de un gran pelicano de color marrón que me miraba con curiosidad. Imagino que me debía ver como un negro intruso en su playa, no obstante me toleraba. Con más tranquilidad vi la zona con otros ojos, además no iba armado con mi fusil submarino. Lo primero que llamó mi atención, fue una pareja de peces ángel de unos 40 cm. de diámetro. Tengo entendido que esta especie se emparejan de por vida, no mostraban ningún temor, sus ojos se parecían a los de los camaleones, sobresaliendo de su cabeza y moviéndose en direcciones opuestas. Eran de color negro con detalles amarillos y sus labios más bien regordetes a pesar del pequeño tamaño de su boca. A pocos metros una gigantesca lora de color pardo y verde eléctrico se deslizaba a poca distancia del fondo. Su boca similar a la de los papagayos, sirve para arrancar pedazos de coral, que posteriormente tritura con un molar situado en el paladar, reduciéndolo a trozos de tamaño más pequeño para poder digerirlos. Una vez pasados por el tracto intestinal, los evacua en forma de fina arena.
El fondo estaba compuesto por formaciones coralinas que iban desde los - 4m. hasta los -12 m. descansando sobre una ladera de arena que descendía suavemente hacia mayores profundidades, inaccesibles para mi limitada forma física. En las zonas batidas por la corriente se instalaban colonias de Gorgónias, de colores amarillo y azul, a la captura de microorganismos. Corales de cerebro y esponjas tubo rojas como la sangre formaron un cuadro de locura, los colores de un pintor surrealista que se mezclaban con una armonía sin igual.
Al ascender de una de las apneas una sombra se cernió sobre mí, una plancha de windsurf, el primer surfer negro que vi en mi vida. Nos saludamos y me percaté que no estaba sólo en el agua, se me había unido a lo lejos un italiano que iba por la mañana en la barca. Caramba, tranquiliza saber que uno no esta solo. Me acerqué al italiano y le pregunté si quería acompañarme a pescar la cena. Dijo simplemente sí. Salí a por mi fusil y en menos de diez minutos estaba de nuevo en el agua.
A la hora tenía ya enganchado una especie de mero de más de 10 Kg. esta vez sí que estaba con la adrenalina a cien. Se debatía como una bestia, tuve miedo de que se desenganchase. Bajé hacia él y lo agarré por los ojos arrastrándolo hacia la superficie. Una vez allí lo rematé con mi cuchillo mediante un corte en la base del cráneo. Evité hacerle sufrir más de lo necesario, aún así me vi envuelto en una nube de sangre.
El Chino estaba en la orilla con el Niño alucinando con el pez al que llamaron cají, era de color dorado y dotado de una dentadura potentísima con dientes caniniformes. El Chino nos dijo que había un restaurante al final del paseo donde cocinarían el pescado por 5 $. Ni lo pensamos, nos fuimos para alla después de una ducha. A la regenta del restaurante no le hizo mucha gracia el tamaño de la captura, le convenció que seríamos varios a cenar, el clan de los italianos que eran dos parejas, una pareja de alemanas gigantescas, Alain y yo.

Había pescado para dar y tomar, la idea de que se pasa hambre en Cuba quedaba lejos. Sólo indicios como las miradas de los trabajadores y la cautela con que respondían a nuestras preguntas (Alain no se caracteriza por su sutileza), permitían intuir otra realidad detrás de lo que veía un turista. Comentamos la idea de grabar la reunión del personal de limpieza. Yo tenía la certeza , tal vez bastante preconcebida, de que el régimen de la gente que trabajaba allí, era bastante disciplinario. Por supuesto los detalles eran muy sutiles, sin embargo se apreciaba en el ambiente un gran control sobre el personal.