
Está amenazado de muerte el Mediterráneo?.
No, pero los efectos del hombre, desde la pesca hasta la ocupación
y transformación del litoral, pasando por la contaminación,
se dejan sentir en todo su perímetro.
por - Joan Domènec Ros
Joan Domènec Ros es catedrático de la Universidad
de Barcelona. Su campo de investigación se ha centrado
en la ecología de los moluscos opistobranquios y del bentos
marino mediterráneo, cuyas comunidades ha estudiado en
el Levante español. Se ha ocupado asimismo de evaluar el
impacto ecológico que sobre el medio marino producen las
diversas actividades humanas (construcción de puertos,
regeneración de playas, contaminación y otros).
Entre las diversas campañas promovidas para la salvación
de especies y ecosistemas exóticos, suele pasar inadvertida
una preocupación de mayor alcance, que se diría
restringida a los círculos académicos. Por paradójico
que parezca somos mas sensibles a la preservación de la
Amazonia que a laintegridad del mar que ha configurado en buena
medida la historia de Europa.
;Pero es verdad que está enfermo el mare nostrum? ;Y que
significa esta expresión?
El océano se ha considerado, desde siempre, almacén inagotable de recursos y pozo sin fondo capaz de cargar con los desechos de la humanidad. Parece aceptar todo cuanto, por aire, ríos y glaciares, le llega desde tierra firme; lo digiere e incorpora a los sedimentos o a las aguas (el mar es salado, en parte, por el lavado de las rocas continentales). Entrada a la que debemos sumar los desechos antropogénicos, cuya cadencia de aflujo en los últimos años se ha acelerado.
Para calibrar los efectos perturbadores que los factores antropogénicos ejercen sobre el ecosistema marino, se puede considerar que se trata de una relación simple entre el perímetro costero (unidimensional), de donde procede la mayoría de esos efectos perturbadores, y la superficie (bidimensional) o el volumen (tridimensional) del mar, receptores de tales efectos. La relación de perímetro a superficie o volumen se hacen tanto mas desfavorable cuanto mas pequeño es un mar.

Y el Mediterráneo es un mar pequeño que sufre una intensa presión por parte del hombre. En la veintena de países que rodean su cuenca de 3 millones de Km 2, la población se estima en 90 millones de habitantes, cifra que puede duplicarse para el año 2025. Lo mismo ocurrirá con la población flotante, que ahora es de 120 millones.
La acción del hombre se concentra sobre todo en el litoral.
Para ahondar en esa interacción, veamos que sucede en una
ciudad ribereña típica: Barcelona.
Las aguas y los fondos marinos situados frente a la ciudad reciben
vertidos domésticos, agrícolas e industriales, procedentes
de la red de alcantarillado urbano, de los Ríos Besós
y LLobregat y de buen número de emisarios submarinos, que
alteran las características físicas , químicas
y biológicas del agua y los sedimentos y que afectan a
la biota y a las comunidades marinas. Las aguas contaminadas del
Besós se depuran, lo que permite reutilizarlas o verterlas
al mar limpias; pero los residuos solidos(o lodos de depuradora)
contienen cantidades elevadas de materia orgánica, metales
pesados y moléculas orgánicas sintéticas,
difícilmente biodegradables, amén de otros materiales
inorgánicos.
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Por disparatado que parezca verter al mar materiales de desecho cargados de contaminantes, no hay muchas opciones mas: ni la incineración, ni el almacenamiento a cielo abierto ni el enterramiento solucionan el problema dela reintroducción en el medio de los contaminantes. En cambio, la deposiciónen el mar después de un proceso de cloración y compactación, y sobre fondos profundos y alejados de la costa, ha constituido la manera menos mala deinmovilizar los contaminantes y detraerlos de la circulación.
El estudio sedimentológico de la zona de recepción
de dichos lodos ha revelado que forman una enorme lenteja, que
se extiende entre los 50 y los 60 m. de profundidad, a una distancia
de unos 5 Km. de la costa , y que ocupa una extensión aproximada
de 5 km. por 2 Km. El espesor de la capa de lodos a la salida
del emisario submarino que los transporta a este punto del fondo
marino desde la costa es de unos 2 m. y se reduce a medida que
se pasa de la boca del emisario al perímetro de la lenteja.
El que los fangos recubran el fondo submarino podría sugerir
que el depósito está
inmovilizado. No hay tal. En la dirección del eje longitudinal
del depósito, que corre paralelo a la costa, la corriente
dominante, del NE impele y esparce hacia el SW estos materiales.
Además, estos lodos no son inertes, si no que acarrean
una elevada concentración de metales pesados bifenilos
policlorados ( PCD) y restos de biocidas de todos tipo. Las pocas
especies de animales resistentes que viven sobre estos fondos
contaminados (los gusanos poliquetos Capitella capitata y Malacoceros
fuliginosus y el crustáceo tanaidáceo Iphinoe rhodaniensis)
concentran los tóxicos; esas especies se hallan en la base
de redes alimentaras litorales, por las que se extienden las moléculas
tóxicas hasta llegar, concentradas, a los superdepredadores
(biomagnificación) y al propio
hombre.
La pretendida inmovilización de estos sedimentos muy contaminados es, pues, sólo parcial. Añádase a ello el empobrecimiento y simplificación de las comunidades marinas, pues sólo las especies mas tolerantes a la contaminación resisten.
Esa situación puede generalizarse a todas las grandes urbes mediterráneas, de Marsella a Atenas pasando por Nápoles y Argel. Las características de los vertidos varían en función de la importancia de efluentes industriales, agrícolas o urbanos, o de si los vertidos son de aguas contaminadas que se mezclan con las del Mediterráneo, o bien si, como en el caso de Barcelona, se vierten lodos sobre fondos profundos, pero el resultado es siempre el de un aporte importante de materiales tóxicos, de difícil metabolización.

L a contaminación litoral de origen urbano, agrícola
e industrial no es la única; también incide la minería.
Citemos, a este propósito, otro ejemplo tomado de la ribera
occidental. Durante muchos años el mineral triturado procedente
del lavado de la ganga metálica que se extrae de la Sierra
de
Cartagena (cuencas mineras del sureste español) se depositaba
en el interior del Mar Menor, una de la mayores lagunas litorales
del Mediterráneo. Hace una treintena de años cesaron
los vertidos a la laguna, porque su cubeta meridional, somera,
se estaba llenando con los estériles de minería.
Los
vertidos se derivaron hacia el Mediterráneo, en las inmediaciones
del pueblecito de Portmán.
Portmán fue desde antiguo (Portus magnus le llamaban los latinos) un puerto pesquero de importancia. A comienzos de los años 60, el vertido de 7.000 toneladas diarias de estériles de minería empezó a rellenar primero el puerto, después toda la bahía y, finalmente, se esparció por la plataforma, hasta llegar al talud continental, a los 100 m. de profundidad y a varios kilómetros de la costa. La línea de costa se ha adentrado casi un kilómetro en el mar.
Este vertido, equivalente al de un río Mediterráneo, afecta no sólo al poblamiento humano, sino también al biológico. El material de desecho que constituye los estériles de minería está cargado de metales pesados (zinc, plomo y cadmio, pero también manganeso, hierro y mercurio). En un abanico que se extiende unos 3 km. hacia el E y unos 5 km. hacia el S y el W de Portmán, la fauna y la flora marina que todavía resisten el enterramiento por los estériles, las comunidades empobrecidas que éstas forman y muchas especies de interés pesquero están contaminadas. La pradera de Posidonea oceánica, la comunidad mas rica y diversa de los fondos blandos someros mediterráneos, presenta frente a Portmán un hiato de unos 10 km.

Se ha dicho que Portmán es el punto mas negro de todo
el Mediterráneo en lo
que se refiere a contaminación por metales pesados. El
93,75% de todos los vertidos industriales que se hacen a lo largo
del litoral mediterráneo español salían hasta
1990 (cuando la explotación minera cesó) por el
emisario a cielo abierto de Portmán; se estima que la antigua
bahía contiene 50 millones de tontladas de residuos de
minería, que en algunos lugares alcanzan los 25 m. de potencia.
Durante los 30 años que duraron los vertidos, las aguas
frente a la bahía parecían puré de guisantes,
debido al finísimo material en suspensión, lo que
interfería con la dinámica normal del plancton y
de los peces y producía también un resultado insólito:
la "subida" a cotas batimétricas someras de especies
de animales que habitan a gran profundidad, en ambientes oscuros.
A estos dos puntos localizados de emisión (ciudades
y cuencas mineras) hemos de agregar una tercera fuente, aleatoria:
las mareas negras. La superficie del Mediterráneo es aproximadamente
el 1% de la de todos los océanos, pero por sus rutas comerciales
circula cerca del 30% del petróleo mundial.
S e ha prohibido la limpieza de sentinas en mar abierto, pero
todavía son pocos los puertos que poseen instalaciones
adecuadas para rebañar el petróleo de los tanques
de los grandes buques petroleros, y la práctica no está
completamente erradicada. Las perdidas de crudo de los petroleros,
sumadas a los escapes de las refinerías costeras, el goteo
de gasóleo y gasolina de la embarcaciones, las pérdidas
de carburantes y de aceites lubricantes de vehículos terrestres
que acaban llegando al mar a través de la atmósfera
o de los ríos, todo ello produce una contaminación
mas sutil,
pero también mas importante (la relación es de 10
a uno) que la originada por las catástofres espectaculares
que sufren los petroleros. Se estima que cada año llegan
al Mediterráneo unos 650.000 toneladas de hidrocarburos.
El efecto local de un vertido accidental y masivo provocado
por el encallamiento o rotura de un petrolero es notable, una
vez en el mar, los hidrocarburos se degradan muy lentamente; excepción
hecha de las fracciones mas tóxicas que son volátiles
o se diluyen pronto en el agua, la mayor parte
del petróleo vertido se va convirtiendo en alquitrán
y otros productos recalcitrantes, también tóxicos
Estudios realizados en comunidades marinas afectadas por vertidos
de petróleo señalan estas consecuencias: muy graves
para los organismos bentónicos, las aves y los mamíferos;
menos graves para el plancton y los peces pelágicos (pero
éstos se comen las bolitas de alquitrán y mueren
envenenados). Además, el alquitrán desaparece de
la superficie del agua, pero permanece mucho tiempo sobre el fondo
marino o es arrastrado a gran distancia por las corrientes; las
comunidades originales tardan muchos años (quizás
mas de 20) en recuperarse, aunque a los pocos meses algunos organismos
oportunistas pueden constituir comunidades mas sencillas; los
detergentes empleados para disolver el petróleo son mas
perjudiciales que el propio crudo.
Algunas de las características que diferencian al Mediterráneo
de los grandes océanos (ausencia de mareas importantes,
oleaje reducido, poca producción biológica, elevada
biodiversidad) son las que contribuyen a multiplicar el daño
infligido aquí por las mareas negras. Las pesquerías
de
peces de fondo, la acuicultura de moluscos filtradores, los viveros
para todo tipo de fauna que son las praderas de P. oceánica,
los usos lúdicos de las playas son otros tantos recursos
que pueden resultar afectados y no recuperarse hasta pasado largo
tiempo. Hace 3 años, el petrolero Haven se
hundía en el golfo de Génova; aunque había
producido una pequeña marea negra, conservaba parte de
su carga de crudo en los depósitos. Además de el
efecto inmediato, no sólo local (la corriente que baña
el mar Ligur arrastró el alquitrán a grandes distancias,
hasta la Costa Azul francesa y mas allá),
una parte del petróleo ha estado saliendo continuamente
del petrolero hundido . Y del Haven ha sido solo uno de la media
docena de accidentes que se produce cada año en el Mediterráneo.

Pero la contaminación presenta, como Jano, otra cara.
Parte de los contaminantes que llegan al mediterráneo tienen
un efecto fertilizante de sus aguas azules, pobres en nutrientes
y, por tanto, en producción biológica. Los nutrientes
que los grandes ríos transportan al mar están en
el origen de pesquerías de peces pelágicos basados
en la producción planctonica (tal como la sardina o el
boquerón). Con el advenimiento de los abonos químicos
y de los detergentes con fosfatos, los aportes de nutrientes se
han multiplicado, y algunas subcuencas Mediterráneas especialmente
cerradas, así el Adriático, son incapaces de digerir
este exceso de fertilizantes.
Los episodios de eutrofización del Adriático norte no son recientes, pero los últimos años han revestido una importancia tal y han causado tales daños al turismo y las pesquerías de la región, que se a puesto en marcha un plan de saneamiento de la cuenca del Po ( cuyos aportes suponen el 80% del problema ) y de depuración de los vertidos. La contaminación orgánica del Adriático produce en primavera crecimientos masivos de algas unicelulares en la columna de agua, diatomeas sobretodo, que generan grandes cantidades de polisacáridos (mucilago) , y de algas pluricelulares nitrofilas (Ulva, Enteromorpha y otras) en los fondos litorales.
Estas proliferaciones inundan las playas de masas de algas en perjuicio de la industria turística; también se ve afectada la industria pesquera , al colmatar el "mucilago" de diatomeas las redes de los pescadores. En verano, la putrefacción de las algas acumuladas en los fondos consumen todo el oxígeno, lo que crea una capa anóxida que se mantiene durante tiempo y que modifica los poblamientos bentónicos, de modo que solo las especies mas resistentes permanecen. El proceso se repite un año tras otro e impide la recuperación de los fondos; toda la cuenca del Adriático norte sufre estos episodios de proliferación algal anóxica y mortalidad animal.
Situaciones semejantes se dan en lagunas costeras eutróficas
(como las de Venecia o Túnez) o áreas litorales
y reciben aportes importantes de nutrientes (como el S.E. español).
En el Mediterráneo oriental, los nutrientes y sus efectos
llegan principalmente del mar Negro, eutrófico desde antiguo.
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A lo largo del perímetro Mediterráneo, la actividad
humana que produce una mayor alteración es, sin duda, el
turismo. El litoral se está sembrando a modo de un inmenso
continuo, de bañistas, hoteles, urbanizaciones y puertos
deportivos. Se quiere duplicar el numero de plazas hoteleras,
quintuplicar el numero de amarres de embarcaciones, renovar la
red viaria litoral, regenerar las playas, crear campos de golf,
parques acuáticos y otros servicios asociados al ocio.
Casi siempre se trata de servicios consumidores de recursos valiosos
( como el paisaje o las comunidades biológicas costeras)
o de los que se carece (como el agua o la arena de las playas)
y , en todo caso degradadores del entorno.
El litoral balear fue, quizás, el primero en sufrir los
efectos del crecimiento caótico del turismo en los años
50, con la acumulación de apartamentos, hoteles, discotecas
y otras formas de alteración del paisaje.
En razón de ese fenómeno se acuñó
el término " Balearización" para designar
la banalización del medio: desaparece la diversidad paisajística
y cultural, su uniformizan playas y ciudades costeras y se generan
problemas de temporada (escasez de agua potable, salinización
del freático litoral y aumento de la contaminación
costera) que pueden convertirse en crónicos.
La industria del turismo no deja indemne a las comunidades ecológicas litorales. La desaparición de campos de dunas de marismas costeras y de las praderas de fanerógamas marinas y de su biota es irreversible, como lo ha sido la de determinadas especies: la foca monje, las tortugas marinas, el coral rojo. los deportes náuticos la pesca deportiva y submarina y la contaminación son otros tantos azotes para las comunidades litorales. El resultado de la explotación es siempre el mismo: paisajes (en tierra y bajo el agua) monótonos, diversidad biológica baja y proliferación de especies banales en detrimento de las mas interesantes.

Aparte de los efectos perjudiciales que sobre las aguas y los
fondos litorales y sus comunidades tienen los vertidos del continuo
urbano, asimilables a los de una gran ciudad extendida por el
litoral, la frecuentación excesiva supone la eliminación
casi total de la vegetación, de la fauna piscícola,
de la fauna aviar nidificante (a excepción de las gaviotas
argénteas, verdaderas ratas del aire que medran en el litoral
y tierra adentro ), la ocupación de áreas de puesta
en aquellas playas del
Mediterráneo oriental a las que todavía van a desovar
las tortugas marinas, la contaminación por todo tipo de
materiales de desecho, y en especial por hidrocarburos y metales
pesados procedentes de las embarcaciones.
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Dos tipos de actuaciones de la industria turística sobre
el litoral tienen, además, el contrasentido adicional de
que generan unos costes económicos a fondo perdido: la
construcción desmedida de puertos deportivos y la "regeneración"
de playas. Amén del efecto directo de la construcción
de un
puerto deportivo sobre las comunidades biológicas locales,
existen efectos indirectos. Las corrientes litorales, responsables
del equilibrio dinámico de los sedimentos costeros, suelen
ser desviadas con espigones o escolleras.
Muy a menudo, el puerto se colmata de sedimentos (y entonces hay
que dragarlo periódicamente); las playas inmediatas se
vacían de arena (y entonces hay que "regenerarlas"),
y las comunidades marinas de la zona, enespecial de pradera P.
oceánica acaban arrasadas. La extracción de arena
y la remoción de unos fondos marinos normalmente ricos
en fauna y flora pueden compararse a lo que ocurre en tierra cuando
se labra un campo o se desbroza un bosque.

Dos consecuencias marginales, no directamente ecológicas, derivan de esta "regeneración" de playas. Las arenas se las lleva el mar durante el primer temporal de otoño. Pero antes, estas arenas se han enfangado (su granulometría, su disposición y pendiente sobre la playa no son las naturales, y el drenaje es defectuoso), han desprendido olores nauseabundos (por la putrefacción de la materia orgánica y de los organismos que allí vivían) y han favorecido el crecimiento de algas oportunistas, inocuas pero pegajosas (que proliferan gracias a la abundancia temporal de nutrientes). Las medidas destinadas a mejorar la playa la convierten, ya en la misma temporada estival, en un lugar que el turista evita; a medio plazo, tales actuaciones resultan inútiles. Los millones invertidos se los traga, literalmente, el mar.
¿Por que pierden arena las playas Mediterráneas?
Los ríos son los principales suministradores de sedimentos,
pero en el último siglo se han construido muchos embalses
para abastecimiento agrícola o con fines energéticos.
Los sedimentos llegan hoy al mar en mucha menor cantidad porque
quedan retenidos en los embalses y, también, por que la
construcción extrae arenas y gravas de los lechos de los
ríos. Esto se traduce en el retroceso
de los deltas (como el espectacular del delta del Nilo y el incipiente
del delta del Ebro), el descarnamiento de las playas y, así
mismo, el empobrecimiento en nutrientes de las aguas
costeras (con efectos negativos para algunas pesquerías,
como la de la sardina).
Para paliar tales estragos se han creado parques naturales.
Va en aumento el numero de áreas que gozan de cierta protección
en función de sus características y del tipo de
comunidades u organismos que se quieren preservar. En unos casos
esta prohibida la explotación de peces u otras
especies de interés comercial, en otros se impide el paso
o el anclaje de embarcaciones, mientras que otras áreas
pueden estar cerradas a la visita total o parcialmente. Existen
reservas naturales o científicas, parques nacionales, reservas
dedicadas a especies concretas, paisajes terrestres y costeros
de utilización múltiple y reservas de la biosfera.
La creación y mantenimiento de áreas protegidas
puede ser la mejor manera de romper el proceso de Balearización.
Pero esas áreas deben tener un tamaño suficiente
que garanticen su papel de protección de especie y comunidades.
La visita a las mismas constituye un riesgo para la integridad
de éstas. El efecto del anclaje de embarcaciones en el
parque nacional de Port - Cros, en Francia, el primero del Mediterráneo
(1963) en el que se protegieron los fondos y las comunidades marinas
además de las emergidas, se deja sentir perceptiblemente
en la pradera de Posidonia oceánica, de la que la isla
posee uno de los últimos arrecifes-barrera del Mediterráneo:
tanto la densidad como el tamaño de las plantas son menores
en las áreas de amarre, y la población animal asociada
a la pradera se ha reducido.

Uno de los pocos estudios exhaustivos sobre el impacto de los visitantes en una reserva submarina se ha llevado acabo en las islas Medes, un pequeño archipiélago de la Costa Brava (litoral noroccidental el Mediterráneo). Atraídos por la belleza de sus fondos, debida a la gran biodiversidad de especies y de comunidades marinas, buceadores de todo el mundo realizan cada año en sus aguas unas 100.000 inmersiones. En la temporada alta, en su zona submarina de túneles, cuevas y acantilados llenos de úneles, cuevas y acantilados llenos de gorgonias, hasta 3.000 escafandristas diarios forman rebaños que se arrastran entre organismos fragilísimos. Algunos escafandristas arrancan gorgonias, coral o lo que sea, sacrifican erizos de marpara dar comida a los peces, o aun perturban el comportamiento de unas especies no habituadas a la frecuentación elevada. Incluso los escafandristas diligentes no siempre pueden evitar pisar el fondo, golpea con manos, codos, rodillas y aletas de las paredes recubiertas de organismos sensibles, ni que las burbujas que se desprenden de sus escafandras se acumulen en el techo de las cuevas y necrosen los organismos allí incrustados. En consecuencia las especies y comunidades mas emblemáticas de los fondos de las islas (el coralígeno, los bosques de gorgonias, las cuevas, el coral rojo, las algas calcáreas, los briozoos) ofrecen claros síntomas de degradación. En las zonas mas concurridas, se ha estimado que los daños producidos a la gorgonia roja, Paramuricea clavata, un cnidiario de crecimiento muy lento pueden eliminar a sus poblaciones en un plazo de 10 años.
También, por suerte hay efectos positivos, aunque estos
tienen una doble lectura. Desde la protección, el numero
de especies de peces vulnerables (las apreciadas por los pescadores),
el numero de individuos de sus poblaciones y el tamaño
de la mayoría de las especies han aumentado. Los meros
(Epinephelus guaza), las lubinas (Dicentrarchus labrax) y las
doradas (Sparus aurata), entre otros, vuelven a abundar. Las especies
protegidas, pues, medran.
Pero la proporción de peces grandes y medianos es excesiva
con respecto a los peces pequeños: a falta de depredadores
naturales, como focas, delfines o los mismos seres humanos, la
población íctica de las islas Medes tiene una estructura
de edades desequilibrada, propia de una población envejecida.
Algunas especies de peces han sustituido al hombre en su acción
depredadora: no solo los peces grandes se comen o ahuyentan a
los chicos, si no que, por ejemplo, las doradas explotan los mejillones
que crecen sobre las rocas.

El hombre actúa también de manera directa sobre el mar con la pesca. El esfuerzo de pesca -parámetro que abarca número de embarcaciones y pescadores, tonelaje, combustible empleado y otros- ha aumentado exponencialmente desde principios de siglo, en tanto que el rendimiento pesquero -cantidad de pescado y marisco desembarcado anualmente- ha crecido muy poco, siendo en la actualidad del orden de los 1.300 millones de toneladas para todo el Mediterráneo (aproximadamente el 2,3% de la pesca mundial).
En buena parte ello se debe a que el Mediterráneo es un mar poco productivo, pero también al hecho de que los pueblos mediterráneos aprecian mucho los alimentos de origen marino. Hoy se pesca mas que antaño, pero a costa de un esfuerzo de pesca desproporcionalmente grande.
Hay especies que han evolucionado bajo una elevada presión
de depredación, y se han adaptado a la explotación.
La sardina es una de ellas; el efecto del hombre es el de un depredador
mas, y las poblaciones se recuperan relativamente bien de una
pesca intensa, aunque no de una sobrepesca excesiva. Otras especies
no soportan una presión pesquera tan elevada y sus pobl
ciones se han ido reduciendo hasta el punto de que en la actualidad
algunas de ellas son raras o solo se encuentran en caladeros alejados.
Como regla general, la explotación que se efectúa
sobre especies pelágicas pequeñas, como la sardina,
es mas aceptada por el ecosistema marino que la que afecta a las
especies pelágicas grandes (atunes, peces espada) o a las
demersales y bentónicas.
Las redes de arrastre y otras artes de pesca bentónica, alteran mucho los fondos. Al igual que pasa con los campos de cultivo en tierra, el paso continuo de las redes favorece a unas especies, más resistentes y capaces de recuperar rápidamente las pérdidas (serian el equivalente de las malas hierbas), en detrimento de otros, más parsimoniosas a la hora de restablecer sus poblaciones y que solo viven bien en ambientes estables, no perturbados (cuyo equivalente en tierra serían los árboles). El resultado es el empobrecimiento del ecosistema, el mantenimiento o la proliferación de especies banales y la desaparición de las más interesantes.
En muchos países mediterráneos los problemas se agravan por el aumento de la flota pesquera, propia o foránea. A ello hay que añadir la tendencia a capturar clases de tamaño cada vez menores, mediante la reducción de la abertura de malla de la redes. La instalación de redes de deriva, finas mallas que se extienden a lo largo de kilómetros, justo bajo la superficie del mar, destinadas a la captura de peces pelágicos constituye un peligro para muchos animales no comercializables que quedan atrapados en ellas y mueren de hambre (tiburones, peces luna, etc.) o ahogados (delfines, tortugas y focas, a veces también aves marinas).

Otras consecuencias de la explotación de especies para
el consumo humano caen dentro de categorías de degradación
del entorno ya comentadas. Mencionaré sólo dos:
la recolección de dátiles de mar y la acuicultura
en jaulas. Los dátiles de mar son moluscos, que viven embutidos
en las rocas
calcáreas que ellos mismos perforan. En las costas italianas,
su recolección se hace empleando todo tipo de herramientas,
hasta martillos neumáticos, que destruyen el litoral rocoso.
Así ocurre, paradójicamente, en muchas áreas
protegidas.
El auge de la acuicultura está produciendo en algunos casos resultados contraproducentes sobre las comunidades litorales. Es lo que ocurre con la técnica que mantiene poblaciones de diferentes especies (doradas, lubinas, etc.) en un medio seminatural: jaulas suspendidas en aguas litorales someras. Parte del suministro de los piensos con los que se alimenta a estos animales enjaulados, y las deyecciones de los mismos, van a parar a los fondos, que se terminan eutrofizando y degradando.
La fauna y la flora no son algo estático e inmutable,
sino dinámico, sujeto a cambios naturales, aunque de ritmo
muy lento. El empoblamiento vegetal y animal del Mediterráneo
se ha hecho a retazos: en gran parte es Atlántico y boreal,
pero también tropical, y existe un número muy reducido
de
endemismos. Siempre han existido recolonizaciones después
de extinciones generales, como las especies que procedentes del
Atlántico llegaron por Gibraltar después de las
diferentes fases de desecación del mar, y siempre ha habido
invasiones naturales de especies extramediterráneas.
Sin embargo, determinadas actividades humanas están cambiando, a un ritmo que es superior al natural, la tasa de entrada de especies exóticas en el Mediterráneo. Estas "invasiones" suponen la eliminación por competencia de algunas especies autóctonas y la modificación drástica de las comunidades marinas. Las especies de un determinado ecosistema se reparten las funciones ecológicas, y raramente dos de ellas desempeñan el mismo papel: la mas eficiente acaba suplantando a la que lo es menos.
Primero llegaron los organismos del fouling, termino inglés que se refiere a las algas y animales que, adheridos a los cascos de los barcos, son transportados por el hombre y se encuentran distribuidos por los mares. En segundo lugar, aquellas especies que, asociadas como epibiontes o comensales a especies que el hombre cultiva, se establecen en ambientes de los que diversas barreras que el hombre ha salvado al introducirlas al cultivo, como es el caso de la ostra Atlántida o al langostino japonés en el Mediterráneo.
El alga Sargasum muticum, que llegó en cajas de ostras
japonesas y que ha adquirido un desarrollo espectacular en algunas
lagunas litorales, interfiere con actividades pesqueras y de acuicultura.
Son varias las especies asociadas a mejillones, ostras y demás
que se han ido extendiendo a medida que el hombre introducía
estas especies cultivadas en ambientes nuevos.
las propias especies cultivadas han experimentado crecimientos
espectaculares como consecuencia de fugas accidentales de áreas
de cultivo; ostras, langostas, nécoras, pero también
especies sin valor comercial e incluso perjudiciales, como el
cangrejo americano, de estuarios, han protagonizado proliferaciones
episódicas.
Un tercer tipo de invasión es la También todo tipo de sustratos y es mejor competidora que las especies de algas autóctonas y que las fanerógamas, como Posidonia Oceanica, a las que recubre y sustituye. La presencia de sustancias tóxicas en todas las especies de Caulerpa impide que los herbívoros la mantengan a raya. Los prados de C. taxifolia, a pesar de su aspecto lozano, son verdaderos desiertos para la fauna de invertebrados y peces.

Algunas de estas invasiones tienen un origen singular. Es el caso del alga Caularpa taxifolia, introducida accidentalmente en el Mediterráneo procedente del Acuario de Mónaco. Se trata de una especie tropical con una enorme capacidad para ocupar todo tipo de fondos, sedimentarios o rocosos, y ello mediante poblamientos muy densos que recubren y ahogan a las algas autóctonas e incluso a las fanerógamas. El tamaño que alcanza la planta es mayor que el que tiene en su área de origen y también ocupa el espacio con mayor rapidez. Desde su primer avistamiento hace 10 años, la C. taxifolia ha aumentado el espacio ocupado en el litoral francés y ha llegado al italiano y al español (Baleares). Allí donde se han ensayado, los esfuerzos de erradicación han tenido poco éxito.

Los casos de S. muticum y C. taxifolia suponen no sólo
sustitución de especies mediterráneas por otras
autóctonas, sino modificación de las comunidades
marinas o lagunares en las que se instalan. Muchas lagunas costeras
están sufriendo modificaciones espectaculares de la biota
y las comunidades biológicas. Quizá la mejor estudiada
sea el Mar Menor, en la costa española. En los últimos
veinte años, y debido a un intercambio hídrico mayor
con el Mediterráneo inmediato, el Mar Menor está
dejando de ser la laguna hipersalina que fue antaño y se
está convirtiendo en una bahía
del Mediterráneo. Sus poblamientos biológicos son
cada vez más semejantes a los característicos de
este mar.
No es difícil pronosticar una pérdida de identidad similar para el Mediterráneo si el hombre facilita la migración lessepsiana por levante, la introducción de especies exóticas por poniente y la proliferación, por todas partes de especies banales, resistentes a la contaminación y a la explotación humana.
¿Desaparece, pues, el Mediterráneo como tal? ¿Se muere?
Para un ciudadano que viva en el arco noroccidental que va desde Cartagena a Génova, pasando por Barcelona y Marsella, entre otras grandes ciudades y conurbaciones, arco que se ha estimado que vierte al mar, por km. de costa y año, 336 toneladas de desechos de origen urbano, que sufre los efectos de la contaminación de las industrias instaladas sobre el litoral o distribuidas por la red fluvial que arrastra los vertidos al mar, que es testigo de cómo la población ribereña se multiplica en verano, la frase "el Mediterráneo se muere" no hace más que confirmar lo que ya experimenta de forma cotidiana.
Pero el Mediterráneo es mucho más que este arco costero. Cuando se buscan datos objetivos y el diagnóstico se refiere a todo el mar, la afirmación anterior se convierte en un cliché propagandístico que conviene desmentir. A pesar de ser un mar pequeño, el Mediterráneo puede asimilar la mayoría de los productos extraños que se vierten en él. Algunos de tales productos son fertilizantes que permiten aumentar un poco la baja producción primaria. Otros desaparecen rápidamente de las aguas y quedan retenidos en el sedimento.
A través de Gibraltar, arrastrados por la lengua de agua mediterránea densa que resbala hacia el océano por debajo del agua Atlántida, más ligera, que penetra continuamente en el Mediterráneo, se escapan fósforo y otros nutrientes en que es deficitario, pero también sal y buena parte de los contaminantes. Algunos datos pueden ser escandalosos a primer golpe de vista, pero si se ponen en su contexto pierden virulencia. Por ejemplo, se ha calculado que en el Mediterráneo entran anualmente 100 toneladas de mercurio procedentes de contaminación antropogénica, pero otras 500 toneladas anuales son de origen natural. Estas han "contaminado" siempre el mar, como el azufre liberado por los volcanes y no sólo por las chimeneas industriales, la materia orgánica que los ríos arrastran normalmente o los sedimentos que las inundaciones y avenidas aportan también al litoral.
Por otra parte, algunos indicadores señalan que las medidas de prevención y saneamiento emprendidas por los gobiernos ribereños con motivo de la aplicación del Plan de Acción del Mediterráneo (adoptado en Barcelona en 1975) y del Plan Azul (emprendido en 1979 y recientemente finalizado) comienzan a notarse.
El número de playas consideradas no aptas para el baño ha pasado del 33% en 1976 al 20% en 1990; los vertidos industriales de algunos ríos se han reducido mucho: un 44% en el Ródano en los últimos años. Para cumplir las directivas comunitarias que prevén que para el año 2000 todos los vertidos fluviales deberán depurarse, muchos gobiernos están construyendo plantas depuradoras, lo que empieza a reducir la cantidad de residuos que llegan al mar. En una decena de puertos se están construyendo asimismo, o están ya en funcionamiento, instalaciones para el deslastrado de los petroleros.
Las estimas recientes sobre los niveles totales de determinados
contaminantes dan cifras más bajas que en ocasiones anteriores;
en algunos casos ello se debe a que los aportes de tales contaminantes
han cesado (caso del DDT); en otros, a que las estimas previas
se basaban en pocos datos, lo que había sesgado en monto
total (caso de los hidrocarburos en general).
Otros datos no son tan alentadores: estudios en áreas muy
alejadas de la costa indican que, en mar abierto y en los grandes
fondos, la mayor parte de los contaminantes (el 90% de los metales
pesados y del 20 al 60% de los nutrientes) llegan al Mediterráneo
por vía atmosférica.
La pesca de determinadas especies se está racionalizando;
se están instalando "arrecifes" disuasorios estructuras
en las que las redes de arrastre se enganchan. Muchas especies
de animales y plantas están protegidas por ley, y ciertas
comunidades de gran interés ecológico, como la pradera
de P. oceánica, son objeto de protección y seguimiento.
Los programas internacionales de inspección y prevención
de la contaminación movilizan cada vez más presupuestos
y personal.
Todas estas medidas han conseguido algunos resultados: los niveles
de contaminación se mantienen similares a los de hace 20
años, lo cual es notable si se tiene en cuenta el crecimiento
demográfico, turístico, agrícola e industrial
de este último cuarto de siglo. El número de áreas
protegidas en todo el Mediterráneo va en aumento.
A todos estos indicadores debe añadirse el más importante: el Mediterráneo es mucho más que únicamente su litoral. Cuando se consideran los grandes fondos y las aguas de alta mar, la huella del hombre es mucho menos evidente y las comunidades biológicas, por no citar la dinámica del propio mar, mucho menos afectadas. El Mediterráneo no se muere. Podríamos decir que está enfermo, pero que esta enfermedad no es terminal. Si se mantiene la tendencia de solucionar los problemas que lo aquejan, y si se llegan a tratar las causas últimas de su degradación, y no sólo los síntomas, podremos seguir teniendo un enfermo crónico al que habrá que medicar siempre, pero que no tiene por qué empeorar.
Difícilmente se volverá al mar cristalino y paradisíaco
que antaño fue el Mediterráneo (como difícilmente
se volverá en el continente europeo a tener las comunidades
naturales -bosques, praderas, humedales, etc.- de hace mil o más
años). Pero una actuación seria de los países
ribereños sobre aquellos aspectos más graves que
inciden sobre la salud del Mediterráneo (la pérdida
de la biodiversidad y la ocupación del litoral, amén
de la generación de sustancias contaminantes) puede producir
una convalecencia aceptable, compatible con los usos tradicionales
y que preserve su belleza, su biota y sus comunidades naturales.
