La fauna secreta del un puerto

No es corriente tener la posibilidad de bucear en el interior de un puerto de grandes dimensiones. Como sabréis es norma que sólo se pueda realizar inmersiones de tipo profesional en estas áreas de gran tráfico de embarcaciones y mercaderías, lo que impide el acceso a los posibles curiosos buceadores atraídos por lugares insólitos.
Debo decir que mi afición por los puertos no sólo es reciente sino que viene de lejos. Desde siempre me ha atraído la posibilidad de sumergirme en los lugares más insospechados o poco usuales. También me ha movido la curiosidad de averiguar si en lugares con mayores posibilidades de contaminación la vida marina llega a adaptarse o a sucumbir ante la presión de los humanos. En suma por causa de mi trabajo o por pura curiosidad, he buceado en lugares tan desagradables como salidas de emisarios, puertos de puro lodo anóxico o tomas de agua en ríos de aguas turbias. En ellos lo habitual es bucear entre tinieblas, sin embargo he llegado a sorprenderme al encontrar algunos de ellos ciertamente extraordinarios por causa de su misma naturaleza. El hormigón ha sustituido las rocas o el cascajo como sopote de la vida bentónica, dando lugar a un paisaje artificial y con una luz muy particular.
En estos últimos meses he estado dedicado plenamente al buceo en áreas portuarias, concretamente en el interior del Puerto de Barcelona. Al margen de los motivos profesionales por los que he tenido acceso a estas restringidas áreas, he intentado también plasmar en imágenes el insólito espectáculo que mis ojos han estado contemplando últimamente.

Un carrito del super y un espirógrafo sobrevive al borde de una red abandonada ©by Toni Romero 03.


Lo que más llama la atención es la cantidad de inusitados objetos que encuentro habitualmente. Recuerdo en particular las numerosas bicicletas que afloran del fino limo del fondo marino. Con aspecto de haber llegado al final de una carrera imposible, yacen recubiertas de gruesas capas de biomasa compuesta por miles de poliquetos. Curiosamente me enteré de la historia de una de estas bicicletas sumergidas. Un tripulante de un buque oceanográfico atracado en el Maremagnum, me relató la increíble historia de una mujer que llegó a toda velocidad por el muelle y cómo viéndose imposibilitada para girar al acabarse éste se precipitó a todo vapor en las aguas del puerto. El marino solo tuvo que lanzar un salvavidas para izar a esta inglesa amante de las emociones fuertes.
En otro sector, una terraza completa arrastrada por un temporal de levante reposa a la espera de unos clientes que nunca llegarán. Las sillas de plástico, ligeras hace tiempo, se muestran macizas y pesadas a causa de una capa de pequeñas ostras y mejillones que las han convertido en aptas sólo para el uso de un fakir. Las mesas inclinadas y sumergidas parcialmente en el lodo, jamás podrán sostener nada en su colonizada superficie, ninguna copa o tapa volverá a ser consumida a su alrededor. Como olvidados por la humanidad estos muebles han pasado a formar un decorado surrealista, que nadie ya podrá contemplar jamás.
Los carritos de supermercado son una aparición poco usual en el lecho marino. Ignoro cómo habrán llegado hasta este lugar y qué carga transportaban. Se me hace imposible pensar que los haya arrastrado el viento cargados con innumerables latas de berberechos (curiosa manera de volver al mar), o de la existencia de un maniaco especializado en convertirlos en pecios, ya que eso son en la actualidad.

Mejillones adheridos a un pilar del muelle con mujiles al fondo. - Un espárido entre la estructura de los pilares ©by Toni Romero 03.


Las acumulaciones de runas procedentes de diferentes reparaciones en la obra viva de los muelles, conforma diferentes hábitats para las innumerables especies de peces que se arremolinan a su alrededor. Sargos, doradas lubinas, salpas y lisas son las especies más abundantes en estas aguas. Suelo apostarme en algún ángulo muerto donde pueda observar a los peces y sus interacciones, llegándome a encontrar varias veces con un mero de unos 7 Kg. que siempre huye dejando un rastro de limo.
Las estructuras de hormigón que sustentan los enormes pantalanes o los muelles voladizos, albergan una enorme biodiversidad de moluscos, crustáceos y poliquetos. Estas enormes superficies sirven de sustrato donde adherirse a multitud de especies. Los mejillones en estos puntos son de gran tamaño, alcanzan hasta los 10 cm. Tan grandes como tóxicos, estos bivalvos viven filtrando continuamente el agua rica en material en suspensión. Su numerosa población es la causante de la regular visibilidad que hallamos en áreas donde el Mytilus galliprovincialis, forma vastas e interminables colonias.

Las bocas de los tunicados y el Zoobothyron verticillarum ©by Toni Romero 03.


Por desgracia para ellos, su exuberancia es su perdición, llegando a colapsar toda cadena, cabo o boya que esté sumergido. Las boyas acaban hundiéndose a causa del peso acumulado en la obra viva, por lo que se hace necesario la eliminación de tal masa proteínica. En las labores de limpieza, es habitual que nos encontremos envueltos de cardúmenes de sargos, lubinas o jureles que se abalanzan ante este inesperado banquete. Entre los mejillones hallamos los intrincados tubos calcáreos de la Salmancina implexa, nereidos como el Eunice torquata o equinodermos como la estrella de capitán, Asterina gibbosa, y el erizo común, Arbacia lixula. Toda esta colonia es destruida una o dos veces al año, para alegría de los peces que viven en estas increíblemente pobladas aguas.
En las guías, los cabos utilizados para amarrar embarcaciones, sólo encontramos patatas de mar (Microcosmus sabatieri) y la inevitable Salmancina Implexa, además de algún mejillón. También las embarcaciones que permanecen amarradas son pasto de este clan de imparables colonizadores. Para consternación de los navegantes, la proliferación del "fooling", es una verdadera pesadilla. Hélices, cascos y tomas de agua son colapsadas sin remedio, de modo que consiguen imposibilitar la navegación, llegando a acumular hasta varios cientos de kilos en embarcaciones de media envergadura en un año.


La tremenda masa de mejillones que se acumula en las cadenas de fondeo. ¿Será el buceo entre cadenas una nueva especialidad?-©by Toni Romero 03

Toda esta masa de invertebrados filtradores, hacen posible una mínima visibilidad en algunas áreas, permitiendo la observación de un briozoo muy común en el interior de puertos y diques. La especie Zoobothyron verticillarum forma penachos ramificados que cuelgan simulando una especie de bosque durante el verano (de junio a septiembre), ahí hallan cobijo las habituales anguilas. Estas son de 1 m. de largo aproximadamente y se divisan apostadas entre las arborescencias a la espera de posibles presas. Su distribución va desde la superficie hasta los ­10 m., siendo claramente esciófilas ya que la luz les llega de un modo siempre difuso a causa de la materia en suspensión de la que se alimenta.
Pensemos ante todo, que esta abundancia de especies no implica que sean comestibles. Esta agua tienen detritos de más de 50 años de vertidos de las alcantarillas, al que se suman las procedentes del actual alcantarillado barcelonés ( del excedente de pluviometría). Cuando llueve fuerte en la ciudad, el exceso de agua que no puede ser absorbido tan rápidamente por las conducciones se vierte al puerto por varios sobreseidores, de modo que se produce una disminución considerable de la salinidad y un aumento significativo de metales pesados procedente del agua de lluvia.
Todo esto nos dice que la vida marina en el interior de un gran puerto es muy compleja. Las estaciones y los ciclos de las especies que allí viven siguen inexorablemente las leyes de la naturaleza y a pesar de los contaminantes y alteraciones que aporta diariamente el ser humano, se resisten a abandonar un espacio aunque éste se haya desnaturalizado.

Obviamente, la presencia de las especies oportunistas (algunas de las descritas lo son) es abundante, sin embargo sigue maravillándome el poder de adaptación de la naturaleza y que éste se manifieste en un espacio tan cercano. La presencia y observación de pelágicos como el espetón, la belona o las serviolas, son la puntilla final a esta reflexión sobre una pregunta que a todos nos ha venido a la mente en algún momento mientras paseábamos por el puerto de Barcelona a bordo de las Golondrinas,
-¿Qué habrá ahí abajo?

© by Toni Romero 2003 - Serveis Integrals Subacuatics, S.L.
Prohibida la reproducción total o parcial de esta página, registrado en la propiedad intelectual.