Dr. Romero en las Antillas
Guadalupe, isla de cálido clima y a quien los indios Caribe llamaron "Isla de Hermosas Aguas", es otra de las joyas de las Antillas. Colón la descubrió en 1493, en 1674 fue oficialmente anexada a Francia y tras dos siglos de disputas con los británicos, el Tratado de París (en 1815) designó a Guadalupe como territorio francés, status que conserva en la actualidad.
En realidad son dos islas unidas por un ismo donde se alza estratégicamente su capital, Point à Pitre. Los islotes resultantes, Grande Terre y Base Terre, están separados por un canal de agua de mar, el Riviére Salé y unidos por un pintoresco puente.

Su territorio abrupto aunque de densa vegetación es, al igual que el resto del archipiélago, de origen volcánico. Destacan las cascadas de Carbet, en Base Terre, rodeadas de bosque tropical donde podréis ver ejemplares de colibrí, diversas especies de insectos y reptiles. Sin olvidar los arrecifes de coral de Pigeon Island, considerados por Jacques Costeau como unos de los más bellos del mundo. El acceso es fácil, desde la misma orilla del islote y casi sin respirar, os sorprenderán verdaderas exuberancias. Entre los corales de cuerno de Alce (Acropora palmata) nadan ingentes bancos de cirujanos azules y barracudas. En la zona de pendiente, corales cerebro (Diplodia laberintiformis) y corales de pilar (Dendrogira cylindrus) entre los que se desplazan loras (de hasta 20 kg.), langostas de tamaño considerable, peces ángel (Pomacantus paru) y meros (Epinephelus guttatus y Epinephelus adscensionis).
En fin, aguas azul turquesa llenas de vida, el sueño de todo viajero: nadar entre delfines y tortugas, una experiencia inolvidable que contar a vuestros amigos.
Y si aún os parece poco, os aconsejo alquilar un vehículo y visitar el interior. Atreveos a pisar los cementerios antillanos, las tumbas lucen adornadas con azulejos blancos y negros, con restos de velas a sus pies para las ceremonias de difuntos. No olvidemos que en estas islas los ritos africanos siguen absolutamente en boga.
Cementerio
antllano © by Toni Romero 1999En toda Guadalupe la huella africana se deja sentir con fuerza. Africanos de las culturas wolof, fulani, dogón, walinké, fantí, ewe, yoruba, ibo, congo, bantú, mandinga... de la parte occidental y central del continente. Negros de diferente tez y pelaje (rompamos con el tópico racista de que todos los africanos tienen el mismo color) que llevaron dioses y tambores, creencias y ritmos, mitos y ritos. Cultos como kumina, nago y myal, en Jamaica; bongo, en Trinidad; big drum, en una de las islas Granadinas; vudú, en Haití y abakuá, en Cuba. Donde por cierto no podemos pasar por alto las divinidades yorubas, transmutadas después por obra y gracia del sincretismo en santas, santos y vírgenes, que responden por Elleguá, Ochosi, Oggún, Orula, Changó, Yemayá, Obbatalá, Ochún y Babalú Ayé.
Mención aparte merece el ron, es un elemento importante en la economía de la isla. Los rones blancos agrícolas se gradúan unos 50 y 55° en Guadalupe, Martinica y 59° en Marie-Galante. Saben a fruta y desprenden un aroma delicado. Su fórmula continua inalterada desde antaño, fermenta la caña, se deja envejecer y se esoge un grado adecuado. Durante el proceso de envejecimiento (de 3 a 6 años) el alcohol mejora: se refina el gusto, sus ángulos se hinchan. La reducción del grado de alcohol se realiza después con agua destilada o con agua de resorte.
Todas las gamas de ron envejecen en barriles usados de roble de Norteamérica, antiguamente estos receptáculos contuvieron el borbón o el whisky americano.Los taninos ligeros de los barriles no machacan la delicadeza de los rones agrícolas que guardan toda su personalidad, su ardor y su carácter.
Es curioso ver como los turistas se agolpan en las ronerías probando exquisiteces sólo aptas para bolsillos adinerados, un ron de 10 años cuesta unos 300 francos. Increíble lo de los precios, en Venezuela un ron de primera cuesta unos 1000 bolívares (300 ptas), parece que esté en la mismísima Francia. Aunque a mí lo que me enloquece es la maquinaria, amante como soy de estos ingenios de principio de siglo, paseo absolutamente maravillado viendo máquinas de vapor (hoy en desuso) y todos los implementos agrícolas propios de la manipulación de la caña. Los tanques donde fermenta el jarabe son descomunales y desprenden un olor bastante agradable.

Antes de despedirnos observamos nuestro alrededor, los niños juegan con el fondo de plantación de caña, una estampa que no ha variado nada desde hace algunos siglos : colores de Caribe sobre fondo verde de antigua esclavitud. No olvidemos sin embargo, que el origen de la negritud en aguas caribeñas anduvo en Cuba, que es mucho andar, mucho tiempo antes de que diez millones de africanos (quince según otras fuentes menos piadosas) entre 1526 y 1870, fuesen convertidos en esclavos, encerrados en infames barcos y trasladados al nuevo mundo, allí la mitad de ellos acabaría en Las Antillas.
Y fue esta segunda oleada de africanos la que definitivamente pondría color en la cultura y la música, que vienen a ser lo mismo, de un Caribe irremediablemente mestizo, porque la negritud entra en la gran batidora de todos los ritmos que llevan consigo los españoles, portugueses, holandeses, franceses e ingleses que la colonizadora Europa fueron y son.
