
Buceando con una ileostomía
Tal y como os conté en el capítulo anterior, tras
haber sufrido una seria intervención de cáncer de
colon, los doctores me practicaron una ileostomía con el
fin de dar tiempo a cicatrizar la reconstrucción de colon.
Como veis ésta es una medida temporal, es decir que podré
conservar literalmente mi culo, pero tras unos meses de utilizar
un ano contranatura.
En el esquema veréis las distintas técnicas que
emplean las cirujanos para desviar los excrementos hacia el exterior,
mientras cicatrizan las áreas siguientes del intestino.
En realidad es un trabajo sofisticadísimo de fontanería
(éste fue el modo en que me plantee la intervención).
El pólipo canceroso situado en el intestino grueso se extirpa
además de una parte circundante de tejido sano, luego se
conectan las terminaciones resultantes, y se limpian los ganglios
de la zona. Si la unión se hace dificultosa (como en mi
caso) se realiza una apertura del colon hacia el exterior, lo
que se llama ileostomía o colostomía dependiendo
de la situación. Esta puede ser transitoria y al mejorar
el cuadro volverse a cerrar. Si la colostomía es permanente
precisará de una bolsa especial para recoger las heces.

Metido en un impas temporal de casi cuatro meses en perspectiva,
el planteamiento de la recuperación física ocupaba
el primer lugar en mi lista de prioridades
Para empezar, me dedique a bajar a la Marina todos los días.
Al principio me limitaba a barrer el pañol o reparar equipo
ligero de buceo. Por suerte siempre hay trabajos menores que realizar
si te relacionas con el mar. Sin embargo, la situación
era verdaderamente terrible por estar sondado, llevaba además
de la bolsa de las heces una bolsa de recogida de orina. Esto
fue por lo que durante la larga convalecencia en el hospital,
se formaron cristales de ácido úrico en la vejiga
urinaria
Una época verdaderamente de transición y de readaptación,
en la que la tranquilidad y la paciencia dieron buenos resultados.
El fin de la bolsa de orina llegó tras más de dos
meses de medicación y tras tomar la decisión de
retirarme la sonda, ya que tenía una práctica particular
que hacia menos daño que si se retira de golpe (hábito
usual en enfermería). Una mañana salí de
casa sin ella y por la tarde sin pensarlo siquiera, oriné
por primera vez desde antes de la intervención. Incrédulo
vi como caían en el recipiente multitud de pequeños
cristalitos de un color anaranjado que hacían un ruido
particular al golpear el fondo. Al observar al trasluz, la orina
aparecía opaca y con un fuerte sedimento. La alegría
de saberme libre de la consabida bolsa de una vez, me puso en
situación de plantearme seriamente si sería posible
bucear con una ileostomía algún día
Para ello tuvo que pasar aún más de un mes. La recuperación
física y mental, además de la imparable llamada
del mar, hicieron que me plantease seriamente realizar la primera
inmersión. Recuerdo haber preguntado al Dr. si sería
posible bucear con una bolsa, a lo que me contestó "que
sí quería, si lo sería". Busque información,
pero nada encontré al respecto.
De todos modos, en las instrucciones indicaba que podías
nadar con ellas. El simple cálculo de que si eran herméticas
hacia fuera, lo serían hacia dentro, me llevó a
enfundarme de nuevo un neopreno. Limpié a conciencia el
borde de la ileostomía y tras esperar a que estuviese bien
seco, coloqué una base adhesiva nueva y a continuación
una bolsa pequeña. Me enjaboné y me puse el pantalón
de un micro poroso de 5 mm. Este es del tipo que lleva tirantes
y es muy suave, sentía que la bolsa no resbalaba en el
interior del traje, buena señal, no se movería de
ahí. La chaqueta sin cremallera y bien enjabonada entró
sin dificultad. Tras embarcar de nuevo volví a mi rompeolas
de Barcelona, donde hace muchos años realicé mi
primera inmersión, para este nuevo bautizo de mar
Una vez fondeado, largué las botellas y las dejé
sujetas a la zodiac. Sólo entonces me di cuenta de que
el cinturón de lastre quedaba justo encima de la bolsa.
Tras ponerme de pie en la inestable zodiac, los situé muy
bajo de la cintura, utilizando un cinturón de goma en vez
de nylon, quedaron perfectamente anclados. Gafas, aletas y tubo,
y en el agua de nuevo

Floto en las azules aguas y la bolsa sólo es un vago recuerdo.
Desciendo en apnea hasta los escasos 6 m. y sé que
de nuevo estoy en casa. Una nube de castañolas son los
primeros peces que me dan la bienvenida, me dejo envolver por
ellos pero mi apnea no esta muy al día y voy hacia la superficie
a equiparme con la botella que cuelga como un ser provisto de
largos tentáculos
Me coloco el chaleco como si fuese una americana, no quiero forzar
mucho el adhesivo de la bolsa, aunque soy consciente de que ahora
no pararía aunque se soltara
Vacío el chaleco y caigo de pie sobre lar rocas del fondo.
El chip de la horizontalidad se activa y quedo ingrávido
y de nuevo envuelto por las castañolas, a las que además
se suma un cardumen de bogas de pequeño tamaño dando
un toque de plata sobre el fondo azul y familiar de esta aguas.

Me dejo caer suavemente hasta los 14 m. y el bosque de gorgonias
me recibe de nuevo en su seno. Naranja y blanco meciéndose
suavemente me da la bienvenida mientras curiosos serranos me plantan
cara con su habitual curiosidad. Juego con una pequeña
sepia atrayéndola con mis dedos formando unos imaginarios
tentáculos, el macho (imagino)reacciona tomando un color
oscuro y cabreado embiste mi mano con furia intentando echarme
de allí. Lo dejo tranquilo tras una nube negra de tinta
que se solidifica al momento formando un fantasma ingrávido
sobre la arena suave del fondo. Mas allá una estrella de
arena enterrada se descubre por su silueta recortada perfectamente
sobre el suave sedimento. Aviento el agua con mi mano y aparece
con su color característico, es un ser precioso que vive
alejado de la vista de muchos seres tanto humanos como marinos,
por aquí el dejarse ver puede convertirte en presa. La
dejo en su lento ciclo de vida y vuelvo hacia la luz, daré
un paseo por la zona de los 6 m. Allí un ejército
de thalassomas y julias es atraído por el sedimento que
levantan mis manos. Como si fuera un prestidigitador, los peces
aparecen atraídos por una invisible oleada de nutrientes
en suspensión, danzan en una frenética danza a la
caza de pequeños crustáceos o suculentos gusanillos
en un banquete de escala microscópica
La vuelta a la realidad suele ser siempre dura, no esta vez en
la que el mar me ha confirmado de nuevo su cariño y amistad,
teniendo la delicadeza de darme este día de visibilidad
inusual.
Tras deshacerme del equipo de inmersión y dejarlo amarrado
a la zodiac, me quedo retozando como un niño, con un juguete
perdido y recuperado por puro milagro.
De vuelta a puerto, mientras me deslizo no muy suavemente por
entre el oleaje que se ha levantado pienso el lo verdaderamente
fácil que ha resultado toda esta historia. Curiosamente,
a veces sólo la mente es un impedimento para hacer cualquier
cosa. En este caso, os diré que valió la pena el
intentarlo, al fin y al cabo debemos pensar que las bolsas colectoras
no son como las de antes. En la actualidad la calidad del adhesivo
y el sistema de cierre son garantía de estanqueidad en
dos direcciones, lo verdaderamente importante es no poner sobre
la ileostomía, ni el cinturón de lastre o cualquier
otra cosa que pueda ejercer rozamiento.
En posteriores inmersiones, en las que ha habido emisión
de gases intestinales, la misma válvula de sobrepresión
que llevan algunos modelos, eliminó perfectamente este
gas sin ninguna dificultad- salvo la consecuente expansión
al emerger pero sin ninguna consecuencia
De todos modos si tenéis la desgracia de veros en una situación
similar y os ronda alguna duda, no dudéis en mandarme un
e-mail y estaré encantado como siempre de echaros un cable.
