
"Siempre anduve a la búsqueda de lo insólito, de lo maravilloso y de los misterios de la vida". Así es como comienza Leni Riefenstahl su libro de memorias. Una mujer polémica, pero sin lugar a dudas una de las más grandes artistas del siglo XX. La visión de su ojo tras la cámara y sus innovadoras ideas, aún hoy inmersos como estamos en plena era digital, no han sido superadas.
Leni nació en Berlín en 1902.
Comenzó su carrera como bailarina, hasta que una lesión
de menisco la alejó temporalmente de la escena.
Era el año 1924 y una casualidad la llevó a ver
una película del Dr. Arnold Fank sobre los montes dolomitas.
Quedó tan impresionada por estas imágenes, que no
paró hasta ponerse en contacto con él.
Fank escribió para ella la que sería su primera
película, El Monte Sagrado. Este fue el principio de una
estrecha colaboración que se prolongaría durante
muchos años. Leni sobrevivió a las más duras
condiciones de trabajo, escalando montañas con los pies
descalzos, dejándose sepultar por aludes de nieve, pero
también aprendió a mirar a través de la cámara.
Gracias a otra película, El acorazado Potemkin de Eisenstein,
que la cautivó por su revolucionaria técnica, fue
consciente por primera vez de que el cine podía ser también
una forma de arte.
Fueron años de éxitos en los que poco a poco se
fue labrando una reputación. Fundó su productora
y tuvo las más variadas ofertas, incluyendo la de emigrar
a Hollywood y convertirse en una gran estrella.
En 1932 dirigió La luz azul, que tras ser premiada en Venecia,
la lanzó a la fama internacional.
En ese año tuvo también un encuentro que marcaría
el resto de su vida. Estaba a punto de salir de viaje hacia Groenlandia,
donde debía interpretar el papel de una aviadora en una
película de la Universal, cuando recibió una sorprendente
invitación, Hitler quería conocerla. Era un gran
admirador de sus películas y estaba impresionado por la
valentía de una guapa y joven mujer, que resistía
sin dejarse dominar, a las presiones de la industria cinematográfica.
Volvieron a verse medio año después. Hitler sentía
un creciente interés por todo lo que se relacionaba con
ella. Leni se fue dando cuenta progresivamente de los peligros
de esa amistad y se fue distanciando. No quería verse envuelta
en intrigas políticas. Respetaba la figura del Hitler que
prometía sacar a Alemania de la miseria, pero rechazaba
sus ideas racistas. Conoció también a Goebels, a
quien detestaba profundamente y con quien se enfrentó en
numerosas ocasiones siendo éste ya Ministro de Propaganda.
Con la subida al poder del Tercer Reich, se vio obligada a aceptar la dirección de dos documentales sobre el congreso del partido, El triunfo de la fe (1933) y El triunfo de la voluntad (1936), esta última obtuvo el Premio Nacional de Cinematografía, la medalla de oro en la Bienal de Venecia, y medalla de oro también en la Exposición Universal de Paris en 1937. También realizó un corto sobre la Wermacht para acallar las críticas de los generales, furiosos de que el Führer hubiera encargado "tan honrosa tarea" a una dama.
Mientras tanto estuvo viajando por España para rodar los exteriores de Tierra Baja, que acabaría aparcada por falta de financiación.

Su siguiente trabajo fue Olimpíada, una epopeya sobre
los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. En esta
película tuvo a 60 operadores trabajando a sus ordenes
y experimentó con métodos revolucionarios para la
época. Mandó colocar ruedas bajo las cámaras
para poder seguir la marcha de los atletas y cavar fosos en el
estadio para captar los saltos desde una perspectiva aérea.
Se valió de un objetivo de 600 mm, el de más largo
alcance y de una cámara subacuática, ideada especialmente
por uno de sus colaboradores para los saltos de trampolín.
El resultado fueron más de 400.000 metros de película,
que tardaron cuatro meses en visionar. El trabajo de montaje duró
casi dos años.
Esta fue una época no exenta de intrigas y maquinaciones,
sobretodo por parte del Ministerio de Propaganda que quería
hacerse con el control de la película.


El 9 de noviembre zarpó rumbo a América, acompañada
por un secretario del Comité Olímpico y por Ernst
Jäger, antiguo redactor de Film-Kurier, caído en desgracia
al estar casado con "una mujer no aria" y por quien
Leni intercedió personalmente ante Goebels.
Durante la travesía apenas recibieron noticias de Alemania
y cuando a su llegada a N.Y. la prensa le preguntó su opinión
acerca de lo acontecido durante la noche de los cristales rotos,
su respuesta fue que no creía que nada de eso pudiera ser
cierto. Los periódicos tergiversaron su respuesta, escribiendo
que la Sra. Riefenstahl negaba las atrocidades cometidas contra
los judíos.
Los tres meses de viaje resultaron un auténtico fracaso.
Todos querían ver la Olimpíada pero por temor a
las posibles represalias de la Liga Anti-Nazi, preferían
guardar el secreto. La película era considerada una obra
maestra pero nadie en EEUU se atrevería a distribuirla.
Poco antes de regresar a Alemania recibió una llamada que
le informaba de la traición de Jäger. Había
estado informando de cada uno de sus pasos y recibiendo cantidades
de dinero que había pedido prestado en su nombre. También
estaba en negociaciones con un periódico sensacionalista
con el que se había comprometido a escribir las más
infames calumnias. Por supuesto él no apareció para
acompañarla en el viaje de regreso dejándola a merced
de las iras de Goebels.
Se refugió de nuevo en las montañas, inmersa
con los preparativos de una nueva obra, Pentesilea y se entrenaba
duramente para poder ser la gran amazona que requería su
papel. En todos sus trabajos se esforzaba por mostrar una increíble
fortaleza, lo que contrastaba amargamente con su realidad cotidiana,
ya que a lo largo de su vida ha tenido innumerables problemas
de salud.
Trabajadora incansable hacía años que no sólo
interpretaba y dirigía, sino que también escribía
los guiones y cortaba y montaba la cinta.
A punto de comenzar el rodaje, recibió una llamada urgente
que le comunicaba que debía volver inmediatamente a Berlín.
Había empezado la guerra.

Con algunos de sus colabores partió como corresponsal
a Polonia, donde fue testigo en primera línea de las atrocidades
de la guerra. Quedó tan horrorizada que pidió autorización
para regresar inmediatamente a Berlín y nunca más
filmó escenas bélicas.
A su regresó comprobó que la industria cinematográfica
seguía en pleno apogeo. No era el momento para Pentesilea
porque los costes eran demasiado elevados, pero había una
productora interesada en continuar con el rodaje de Tierra Baja.
Regresaron a España para seguir con el rodaje de exteriores,
pero la escasez de divisas les hizo tener que trasladarse de nuevo
a Alemania. En las montañas de Karwendel construyeron una
aldea de estilo español y como extras contrataron a un
grupo de gitanos de un campamento cercano. Después de la
guerra se la acusó de haber sacado a estos gitanos de un
campo de concentración y de haberlos utilizado como esclavos.
Durante aquellos años conoció al que más tarde sería su marido, un oficial del ejército llamado Peter Jacob. También tuvo dos pérdidas importantes, la muerte por enfermedad de su padre y la de su hermano, destrozado por una granada en el frente de Rusia.
Debido a los constantes bombardeos sobre Berlín se trasladó a Kitzbühel (Austria), donde depositó todo el material de sus películas, incluida Tierra Baja de la que tan sólo faltaba el trabajo de sincronización y montaje.
El caos que siguió al final de la guerra fue una época
especialmente dura. Los americanos la detuvieron tres veces y
las tres veces logró escapar. Cuando finalmente pudo regresar
a su casa, se la habían confiscado. La obligaron a trasladarse
junto a otras personas a un caserío a pocos kilómetros
de allí, donde se reunió con su madre y con su marido.
Fue detenida nuevamente, encerrada en una celda e interrogada
durante meses. Allí le mostraron por primera vez las terribles
imágenes del holocausto. ¡Todo su mundo se vino abajo,
nunca había sospechado que algo así hubiera podido
ocurrir!.

Un mes después de su puesta en libertad, los americanos
se retiraban del Tirol para dejar a una guarnición francesa.
Leni se negó a trasladarse ante la imposibilidad de llevarse
consigo los rollos de Tierra Baja. Confiando en el documento que
le habían dado los americanos y recordando los éxitos
artísticos obtenidos en Francia, pensó que estaría
a salvo.
Los franceses la encerraron de nuevo, su enfermedad se agravó
y llegó incluso a pensar en el suicidio, asistida por uno
de sus carceleros que le entregó un manual de cómo
debía hacerlo. Su madre logró interceder por ella
y la soltaron, para ver como al poco tiempo le confiscaban los
pocos bienes que le quedaban, incluyendo el material fotográfico
y el dinero de las cuentas de familia.
Les obligaron a trasladarse y ante la imposibilidad de dirigirse
a Berlín, pensaron en Friburgo donde esperaban encontrar
cobijo en la casa de Fank, que se desentendió completamente
de ellos.
Vivieron meses en un cuartucho, pasando hambre y miseria. Su matrimonio
fracasó, incapaz de soportar tantas tensiones.
Intentó recuperar algunas de sus pertenencias que incluían
a la película Olimpiáda, dejadas a recaudo de un
antiguo amigo y colaborador, pero se encontró con una desagradable
sorpresa, éste se había apropiado de ellas.
Una mañana se presentó en su casa un coche militar
que la condujo a la peor de las condenas, dejándola recluida
en un manicomio. Allí permaneció durante tres meses
en los que como una forma de "desnazificación"
le estuvieron aplicando electoshocks.
¿Quién y porqué la odiaba tanto que quería
destruirla e incapacitarla de tal forma?.
En diciembre de 1948 tuvo su primer juicio, que se saldó
con un veredicto favorable, que reconocía su no-implicación
ni en el partido ni en ninguna otra de sus ramificaciones.
El gobierno militar francés apeló esta sentencia
y fue juzgada nuevamente en 1949, obteniendo un nuevo veredicto
a su favor, en el que se hacía constar que contrariamente
a las afirmaciones aparecidas en la prensa, no se había
encontrado ni un testigo ni una sola prueba, de que su relación
con Hitler excediese los límites del cumplimiento comercial
de los encargos realizados a la artista, y con relación
a la intención de hacer propaganda Nazi, se recordaba que
antes de que estallara la guerra su película El triunfo
de la Voluntad, había recibido las más altas distinciones
internacionales.
Tras una nueva apelación, se la calificó como simpatizante
aunque no perteneciente al partido.
Durante los siguientes años se vio envuelta en innumerables pleitos para recuperar sus pertenencias. Así se enteró de la ilegalidad cometida por los franceses al confiscar sus bienes y de que habían vulnerado sus derechos de autor al intentar montar los rollos de Tierra Baja con el fin de comercializarla directamente. Para tapar el escándalo y cubrirse ante posibles reclamaciones posteriores, estaban haciendo lo imposible para que no se le devolvieran e incluso habían intentado destruir la cinta.
En los años cincuenta intentó inútilmente
reconstruir su carrera cinematográfica. Con el material
recuperado hizo duplicados de La luz Azul, La Olimpíada
y finalmente, veinte años después de haber sido
empezada, pudo estrenar Tierra Baja.
A estos se sumaron otros proyectos como el de coproducir una película
en Italia, o los tres guiones que escribió inspirados en
España, pero cada vez que parecía obtener un éxito
o vislumbraba un rayo de esperanza, aparecía en la prensa
un artículo difamatorio que la obligaba a pleitear y acababa
por frustrar el proyecto.

En 1961 desembarcó por primera vez en África,
donde se enfrascó en la filmación de exteriores
para otra película, Cargamento Negro, que tampoco vería
nunca la luz.
En el Hospital de Nairobi donde se recuperaba de un gravísimo
accidente que por poco le cuesta la vida, encontró en un
número atrasado de la revista Stern, una fotografía
que mostraba a unos guerreros de cuerpos esculturales, tan perfectos
que parecían estatuas de Rodin. Como único indicativo
podía leerse "Los Nuba de Kordofan".

El tan anhelado encuentro no iba a defraudarla. Se integró
perfectamente en las costumbres de la tribu, aprendió su
lengua y compartió cobijo y mesa. El resultado fueron unas
impactantes fotografías que dieron la vuelta al mundo.
Estas imágenes de luchas, ritos iniciáticos, fiestas
de los muertos..., no habían sido nunca antes plasmadas
por una cámara, incluso las que estaban prohibidas a los
ojos de las mujeres, pudo Leni presenciarlas.
Había regresado a la escena pública, esta vez convertida
en testigo excepcional de una tribu remota y primitiva que desgraciadamente
no tardaría mucho tiempo en extinguirse. Devorados por
la incipiente civilización, pocos años después
se encontraría a sus "orgullosos guerreros" cubiertos
con mugrientas camisetas.
En 1968 conoció a Horst Kettner, un joven cámara
al que ella entrenó y que desde entonces se convertiría
en su más estrecho colaborador. Junto a él se atrevió
a adentrarse todavía más al Sur, en el interior
de los remotos closed districts de Sudán, en busca de nuevas
tribus que hubieran tenido poco o ningún contacto con el
hombre blanco.
Su primer libro sobre los Nuba tardó diez años en
publicarse. Sus enemigos volvieron a la carga acusándola
de fascista. Algunos intelectuales alemanes creyeron ver en la
perfección de estos atléticos desnudos, reminiscencias
de la ideología nazi.
Un nuevo revés para esta mujer que siempre defendió
la autonomía estética del arte.

Conocí a Leni hace cinco años en Papúa
Nueva Guinea. Tenía 92 años y era una entusiasta
buceadora.
Había conseguido su certificado en Mombasa a la edad de
71 años y se había recorrido medio mundo buceando.
Nos encontramos en la plantación de Wallindi. Yo estaba
trabajando a bordo del Tiata por lo que no pude disfrutar de su
compañía todo lo que me hubiera gustado.
Cada mañana la veía organizar con una envidiable
disciplina las inmersiones y las tomas que quería para
ese día. Era una mujer de carácter, acostumbrada
a mandar pero a la vez afectuosa y amable con todo el mundo.
Realizaba dos inmersiones diarias excepto los domingos, que los
dedicaba a descansar y a contestar su enorme correspondencia.
Aunque fuera del agua tenía que ser ayudada porque su menudo
cuerpo no hubiera podido soportar tanto peso, bajo ella se la
veía disfrutar con su ingravidez como si fuera una niña.
Las últimas noticias que sobre ella tengo son del pasado mes de febrero. En un recorte de prensa leí que había sobrevivido milagrosamente al estrellarse la avioneta en la que viajaba por África.

