Dr. Romero en las Antillas

Sta. Lucia, The rasta-dive.

 

 

 

Esta vez tengo que contratar un barco para poder realizar las fotos, el crucero termina mañana en Guadalupe y esta es mi última oportunidad.

Una vez en tierra camino por el muelle en busca de la dirección del dive-center que me han facilitado en mi embarcación. Al pie del mismo, encuentro un lanchón cargadito de tanques de aluminio de 12 l. Lo abordo en busca del encargado y para mi sorpresa es un rasta con unos "dreadloks" de tamaño medio.

Nos ponemos de acuerdo de inmediato, 75 $ por dos tanques.Subo a bordo mi equipo y partimos inmediatamente.

Salimos de Castries harbour, mientras un 737 cruza el cielo a pocos metros por encima de nosotros. El aeropuerto empieza en la misma costa, por lo que es frecuente que grandes aviones de pasajeros sobrevuelen la bahía.

Vamos hacia el sur. La isla es exuberante y muy accidentada. Casitas estupendas, calas de aguas transparentes, sol del copón, las inefables sonrisa de mi compañero y el barquero, son el marco de este trayecto de unos 30 m. hacia the Pitons ( tres picos situados al suroeste de la isla).

Pre-briefing, propongo hacer primero la inmersión más profunda en el arrecife, la segunda a pocos metros - 5 m para realizar los macros (calculo que necesitaré unos diez minutos) y para finalizar descenderemos a un pecio situado a unos -20 m.

Llegamos al arrecife (que no veo por ninguna parte) y mi compañero, Albert, me indica que nos sumergiremos allí. Me visto de Bond y salto al agua.

Comentaros que utilizaré mi foco Faro 2000 con una lámpara de 100 w., lo cual es bastante arriesgado, nunca he probado fuentes de luz contínua para fotografiar bajo el agua.

La iluminaciòn en la fotografias con luz contìnua , da este caracteristico tono calido © by Toni Romero 1999

Caigo como una bala hasta -14 m. Es una pendiente de unos 30 ° repleta de coral, la mayoría tipo cerebro (Diplodia laberintiformis) y coral de pilar (Dendrogira cylindrus). También encuentro enormes esponjas vaso, las consabidas gorgonias y unos enormes formaciones de anémonas verdes (Zoantus pulchelus). Un muro de barracudas para delante de mis ojos como si fueran un tren, son de unos 80 cm. Las acribillo com mi cámara.

A poca distancia unos gigantescos peces trompeta danzan boca abajo en un escenario de plumas de par, les arranco destellos rojizos con mi luz.

De repente mi compañero me llama indicándome que ha hallado algo. Voy como una bala. Una pequeña morena con topos amarillos (Myrichthys oculatus), yace en una grieta al acecho de comida. Para sacarla la empujo levemente por la cola, dócilmente se muestra en todo su esplendor. Sus topos amarillos están rodeados de una franja negra y mide a lo largo unos 75 cm.

Desciendo hacia los - 30 m. largos filamentos de color amarillo, habituales en todos los mares tropicales, me reciben al llegar a un liso fondo de arena. Posado ahí mismo veo una especie de pez afiladísimo de unos 40 cm de largo (Synodus intermedius), se parece a una especie mucho más pequeña que habita en nuestro Mediterráneo.

La luz llega aquí abajo de un modo más intenso que en mis oscuras Medes, hago escalas de velocidad de obturación a fin de obtener diferentes gamas de intensidad en las fotografías. La distancia ideal de mi foco hacia mis objetivos, la ajusto a simple vista, viendo perfectamente el aumento de tonos cálidos sobre sus cuerpos, la mayoría en movimiento. Al trabajar bajo el agua siempre tengo la sensación de coreografiar un "ballet", la ingravidez de aquí abajo es muy propicia para ello. Disparo y disparo mi cámara, mientras acabo con el aire.

Siento que subo irremisiblemente a la superficie, los mil veces malditos y tercermundistas tanques de aluminio. Como sabréis una vez vacíos flotan, aunque me he puesto 2 Kg. más de los cuatro habituales previniendo estas circunstancias. Sin embargo cálculo que necesito de 8 a 9 Kg. de peso total para estar equilibrado.

Agarrándome a los corales a fin de no ascender demasiado rápido, subo por la ladera hacia la luz. Los últimos 10 m. los hago prácticamente en escape libre.

Subo a la barca y busco a Alberto que se ha perdido durante mi precipitada subida.

Una vez embarcados partimos hacia el pecio situado a tan solo una milla.

Macro de coral de nudos (Diploria civosa) @ by Toni Romero 1999

Cambio de película a bordo y preparo el equipo de macro. Me interesan las texturas de los corales de cerebro, tengo algunas ideas para utilizarlas posteriormente.

¡Al agua de nuevo!, le digo a Alberto (él se queda de barquero) que tardaré menos de diez minutos. Efectivamente, disparo un carrete en siete minutos a unos - 5 m. Tengo tan claro lo que necesito que bajo y lo hago en un plis-plas.

A la barca de nuevo y cambio de carrete.

El pecio está justo delante de donde he disparado las macros. Una vez en el agua, nadamos unos veinticinco metros y lo veo aparecer de la nada. ¡Es grande!, unos 40 m. de largo, es de hierro y está cubierto de biomasa, por lo que debe llevar hundido más de 5 años. Veo el puente y nos dirigimos hacia él. La puerta ha desaparecido, así como todos los cristales. Entro y enciendo el foco. Todo el suelo es un caos de objetos indefinidos y del techo cuelgan multitud de cables. Un gigantesco cardumen de peces rojos (Holocentrus rufus) domina un puente que no navegará nunca jamás hacia ninguna parte. Los fotografío dejando a la vista un portalón que da hacia la proa, con la intención de darle profundidad a la foto.

En el interior del pecio © by Toni Romero 1999

Bajo por una escalera hacia la bodega que se abre como una boca hambrienta que nos quiere devorar hacia sus entrañas. Veo un grupo de big eyes (Pricantus arenatus) de color rojo y un ejemplar de pez ángel azul y amarillo (Holocantus ciliaris). Resulta extraño tanto color en tanta penumbra. Salimos y vamos por el puente hasta pasar por debajo de un pasillo infestado de gorgonias de color sangre y peces amarillos. Imagino los pasos tranquilos de sus tripulantes navegando por estas maravillosas aguas. Me apoyo en la barandilla y miro hacia el mar de arena que hay sobre la quilla, ¡qué diferente espectáculo al que habrán visto estos hermanos del mar!, los pájaros han sido sustituidos por una bandada de gigantescos jack fish (serviolas) que pasan a toda velocidad, dejándonos extasiados a mi compañero y a mí.

Bajamos a echarle un vistazo a la hélice. Es un jardín de coral. Sus palas prácticamente han desaparecido dentro de una gran masa a la que arranco colores naranjas, amarillos y verdes con el pincel de mi foco. Una enorme morena yace enroscada, a la espera de algún incauto al que cazar.

El Clan © by Toni Romero 1999

En la arena del fondo una nueva sorpresa, un jardín de anguilas. Increíble mar de tímidas cabecitas que se ocultan a mi llegada. Me pego al fondo y espero a que estén a tiro de mi cámara. Un pez volador (Dactylopterus volitans) se planta a poca distancia de mi compañero que emite gritos a través del regulador para llamar mi atención. Los bordes de las alas son de color azul intenso. En un alarde de poderío abre sus alas permitiéndome verle en todo su esplendor.

El aire se nos acaba y ascendemos por la cuerda para la descompresión. Agarrados a merced de las corrientes nos miramos con la complicidad de haber compartido maravillas juntos.

Volvemos a la realidad de la vida cansados y felices, nos acercamos a la playa donde un grupo de rastas juega al fútbol. Nada de fotos, no les gusta nada, son muy orgullosos. La escena parece sacada de la película "Reggae sunsplash"¨, en la que Bob Marley juega al fútbol con unos amigos. Los miro maravillado sin haberme quitado ni siquiera mi traje negro.

Al volver a Castries harbour, un chaparrón nos machaca violentamente durante diez minutos. Alberto se acurruca encogido de frío en la proa, su compañero no lo lleva mejor, pilota la embarcación tiritando y oigo como castañetean sus dientes. Yo por mi parte sobrevivo, gracias a no haberme quitado el microporoso.

Pago a Alberto dándole una buena propina y regreso al barco a comer. No me gustan las despedidas, se que seguramente no nos volveremos a ver, le recordaré durante mucho tiempo.

Al llegar me percato de que ha pasado la hora de comer en el barco, por lo que me ducho y bajo a tierra de nuevo. Un bullicio tremendo me acoge, olor a comida tropical, rastas bebiendo Red Stripe, muchachas que salen del colegio con vistosos uniformes rojos, policías con cara de malos amigos, los inevitables buscavidas que te quieren vender "ganja" (marihuana), en fin todo lo que se espera de un lugar del Caribe .

St. Lucia © by Toni Romero 1999

Chiken & chips, con salsa "powder", very hard to my stomac, regado con cerveza Jamaicana. Como sentado en el arcén de una calle, me miran como a un extraterrestre, no es normal ver a un blanco comiendo en el suelo. Aunque yo soy el hombre más feliz de la tierra.

Mercado de las especias de Castries, olores y colores de las Indias Occidentales. Vainilla, canela, anís, clavo, moscada, pimienta y mil salsas caseras preparadas por mujeres. Bananas, sandías, naranjas, papayas y mangos, una galaxia de dulzura Antillana en el mercado de la fruta. La zona del pescado se reduce a una habitación con dos neveras industriales que contienen emperadores de pequeño tamaño, atuncitos y un pompano de unos 20 Kg. descuartizado. Muy triste verlos ahí apilados, sin embargo soy un pescador submarino y no puedo evitar imaginarme arponeándolos en aguas revueltas, batallando con ellos, se me dispara la adrenalina.

El sol se pone en la bahía de Castries, vuelvo al barco con la intención de echarme un ratito, estoy molido y feliz como pocos días.

© by Toni Romero 1999 Prohibida la reproduccion total o parcial de esta pagina, registrado en la propiedad intelectual. (Texto del libro Los Viajes del Dr.)

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