Viviendo en el agua

Aerea de MPV, en Barcelona

A veces el paraíso esta más cerca de lo que parece.
Existe en nuestra ciudad un lugar donde la gente vive en el agua. Esto que puede parecer un sueño para algunos (y una evidente pesadilla para muchos), demuestra que todavía es posible estar en contacto permanente con el mar.
Obviamente estoy hablando a cerca de vivir en un barco.
Para dar un paseo por este universo desconocido y que está al alcance de casi todo el mundo, empezaré por hablaros de la gente.
La mayoría de ellos son extranjeros. Seducidos por los encantos de las Ramblas, por el clima, la comida o las aguas del Mediterráneo, estos ávidos habitantes del norte de Europa acaban siendo su presa a medida. Ingleses, suizos, holandeses o británicos se entremezclan con italianos o franceses. Todos este pastel de nacionalidades está aderezado con algún norteamericano, neocelandés o español.
Una fusión de culturas que teniendo como epicentro una marina deportiva, consecuentemente genera un entramado social muy interesante. El mar, como siempre, es el único que genera esta amalgama y este coktail de anglo-italiano-francés-español que se habla entre barcos.
En este intríngulis podemos distinguir dos movimientos diferentes y muy claros. Los navegantes de vela y los de motor.
Los locos del silencio, como secretamente llamo a los navegantes a vela, viven en un mundo de cabos, velas y aparejos, además de estar por constante rutina de tener la embarcación a punto.
Diría que incluso dentro de estos locos, existen todavía dos movimientos más: los usuarios de barcos de fibra y el clan de la madera, los más radicales en cuanto al correcto estado de las tres mil tablas de que consta su nave. Claro que la madera viste, tanto por fuera como por dentro; sin embargo, el precio de poseer una de estas joyas, es que además de tu mundo de cabos, velas y aparejos, estás casado con el papel de lija y el barniz. Cosa que, desde luego, si lo haces tu mismo, es exactamente como un matrimonio para toda la vida (la del barco).
En los de fibra el barniz es sustituido por la resina, el poliéster o el epoxi, este último en pequeñas dosis. Todos tienen en común el mismo amor por el mar, aunque mirándolo fríamente, está claro que siempre es más práctico un casco de fibra a uno de madera.
El otro clan, los Comedores de Millas, tienen otro modo de enfocar el agua. Aquí el barco es un vehículo para realizar más cosas que navegar, la pesca mayoritariamente, el simple paseo o ir a comer al Masnou- donde puedes atracar en la gasolinera y tomar unos chipirones con habitas, bebiendo un Blanc Pescador, para volver después hacia Barcelona navegando tranquilamente, mientras contemplas con placer el fenomenal atasco que se ha formado en la carretera de la costa-.

MEGA YATES

El Alcione de Jean Michele Costeau. Los patos visitantes habituales de la marina © by Toni Romero 2004

Entenderéis que a partir de 20 m. de eslora, las diferencias son notables. En una marina deportiva existe una constante lucha por el tamaño, lo digo sin segundas lecturas, el barco más grande, los acabados más lujosos o la potencia por el placer. Los atacados por la Fiebre del Mega Yate, son personas de alto standing aquejados por la ironía de que el poseer más lujo siempre es mejor. Pocos de estos visitantes ocasionales, son vistos por los muelles o en los espacios comunes, como las duchas o las áreas de trabajo. Particularmente, no he visto jamás a uno de estos vips, aunque es habitual tener alguno siempre por ahí. Seguridad y coches con cristales ahumados, nos ocultan al personaje del mes o del año, que inevitablemente es siempre blanco de misteriosas ficciones, visitas de estupendas chicas e innumerables fiestas a bordo. Nada más lejos de la realidad, siempre se comportan con discreción.

PESCADORES


Roque con su atún y Arturo en el canal © by Toni Romero 2004

Aquí entramos es otro submundo dentro de otros submundos, el de los pescadores. Se han escrito hondonadas de volúmenes sobre dicho arte, y como no, os podría describir alguna de las hazañas sucedidas.
La del que estuvo luchando con un atún de 240 Kg. desde Mallorca hasta Alicante, durante casi catorce horas, un ejemplo de los peces que se podían capturar hace algunos años. La de otro que embarcó más de 300 Kg. de bonitos de una tanda, a base de grumear y crear un rastro de pescado capaz de atraer un gran cardumen que acabó en cubierta formando un mosaico de peces centelleantes.
Pero éstas verdaderamente son historia. Hoy en día se capturan besugos o lluernas al fondo y al curri bonitos, llampugas, serviolas o caballas. En realidad la pesca deportiva desde pequeñas embarcaciones es sólo un motivo para pasar un buen día en el mar, comer pescado fresco y beberse unas cervezas, gozando del sol y el viento en la cara. Un verdadero lujo.

TRUE STORYS

Las apacibles tardes de verano en la sonbra. - De vez en cuando ocurren avistamientos de cetáceos © by Toni Romero 2004

La vida social de una marina no siempre se lleva a cabo entre barcos, las áreas del muelle donde se realizan reparaciones o trabajos de mantenimiento, son un hervidero de constante actividad. Unas instalaciones de tal envergadura son continuamente fuente de averías o problemas que la acción constante del mar provoca incesantemente. Así pues, entre cadenas, hierros y maderas, sumado a una cacofonía de mil herramientas, se reúnen los amantes del silencio, con pescadores y carpinteros, en un ambiente impregnado de olor a pescado, madera cortada, barniz y salitre. Hablan y cuentan batallitas (navales), mientras toman una cerveza fría o fuman un cigarrillo.
En los pantalanes se come. Lo social se mezcla con lo culinario. Las barbacoas de los americanos, el suquet de peix para los autóctonos, los coktails a las siete de la tarde de los ingleses. Como veis hay ámbitos para todos.
Otra cosa son las fiestas típicas del mar, la llegada de los Reyes Magos a Barcelona se realiza por barco. En verano la procesión de la Virgen del Carmen y recientemente el castillo de fuegos artificiales de la clausura del Forum 2004, desde el mar fue un espectáculo maravilloso que contemplamos unos pocos afortunados a bordo de nuestros barcos.

MASCOTAS

Chica y Oli © by Toni Romero 2004

El gato de Big Jhon y Ruc © by Toni Romero 2005


Estas permanecen impasibles tomando el sol mientras sus propietarios se afanan en tener las embarcaciones limpias y apunto. Curiosamente estos personajes son los que mejor viven en la marina. Alimentados por todos los amarristas, van de paseo saludando a todo el mundo. "Chica" es un caso muy especial, siempre que pasa entra en el pañol y con su eterna alegría se está unos momentos con unos y otros, dando una pincelada simpática a la jornada. "Oli" es un gato que preside la entrada de su barco como si fuera un Pachá. A pesar de su aspecto de bruto, es el animal más dulce que puedas imaginar. Por las tardes mientras sale de paseo, se acerca a saludarme. Siempre le coloco una tumbona, en la que inmediatamente se acomoda a la espera del paso de una gata. A veces yace encima de mi barca tomando el sol. Para mi es como si estuviese esperándome, allí redondo, suave y ronroneante.

Emili con su madre. Los piratas al ataque. © by Toni Romero 2004/2005

LOS NIÑOS
Correteando por los muelles y pantalanes, pescando con aparejos imposibles o bogando en un chinchorro, corriéndose una autentica aventura de piratas y perseguidos por una bandada de gaviotas convertidas en voraces buitres por la imaginación propia de la edad, son otros de los más afortunados a la hora de disfrutar del mar.
Una cosa que llama mi atención es que siempre van descalzos, una forma de libertad como otra cualquiera. Chalecos salvavidas de colores, pieles de color caoba y pecas, horas de desperezarse al sol como lagartijas, mientras el día pasa hora tras hora, sin las prisas de los adultos y con la elasticidad del tiempo infantil.
A los niños los cuidamos todos, siempre hay un ojo vigilante a la hora de sus correrías. Como niños que son cuando llega el calor vuelven de nuevo y con ellos, sus risas que son como la sal en el mar, imprescindibles para la vida. Estas nuevas generaciones nacidas en una época dominada por la electrónica, gozan de una envidiable juventud en contacto permanente con el agua, libres de las adicciones digitales y descubriendo día a día los secretos del mar.

Son la alegría del puerto.

MARINOS

M.M.M. (Muscle Macho Men) y © by Toni Romero 2004

Son el alma de una marina, en realidad son los que están a pie de muelle con buen o mal tiempo, siempre dispuestos a echar una mano. Ellos son también una verdadera amalgama de personalidades, los que vienen de la marina mercante, de la armada o simplemente siempre han trabajado en marinas deportivas. Son verdaderos expertos en hablar anglo-andaluz-italiano-español, otra de las jergas más interesantes para sobrevivir en cualquier puerto.
Para conocer el día a día de una marina, debes estar irremediablemente ligado a una radio sintonizada en la frecuencia adecuada (siempre secreta), donde puedes seguir las incidencias como en la CNN, siempre en directo. Las tareas de una marina no tiene fin, es como una larga lista de actividades que nunca acaba. Montar guardacabos, reparar pantalanes, dar agua o corriente a las embarcaciones y amarrar barcos, un día tras otro, con sol, lluvia o viento, en verano o en el más crudo invierno. Desde este artículo, les doy mis más sinceras gracias.

EL CAPITAN

Don Manual Galcerán © by Toni Romero 2005


Si el alma son los marineros, el capitán es dios.
Solo una persona sabe de memoria donde están todas las embarcaciones de la marina, una tarea que no es broma cuando tienes más de 400 barcos en el agua. Además en situaciones de mal tiempo se suelen colapsar los barcos en espera, situación en la que una clara logística y una mente clara soluciona en el mínimo tiempo estas eventualidades.
El capitán habla idiomas, nunca jerga.
Siempre dispuesto a escuchar un problema o darte un consejo, el capitán es un decálogo de psicología de muelle. Sabe como pedir algo sin que suene a una orden y todo el mundo siempre le hace caso.
El capitán está siempre en la marina, y sino está cerca, para poder solucionar cualquier contingencia que pueda presentarse.
El capitán ha viajado por todo el mundo y conoce muchas culturas además de la nuestra, eso hace que siempre sea justo.
Al capitán se le debe, ante todo, respeto.

IR Y VENIR
Vivir en una marina tiene un leve sabor agridulce. Conoces a personas que probablemente no volverás a ver jamás. La química de los hombres, obra maravillas la mayoría de las veces, forjando amistades que se llevaran a través de los mares, de puerto en puerto. Siempre es una alegría encontrar a un compañero.

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© by Toni Romero 2005 - Serveis Integrals Subacuatics, S.L.
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