La Pota del LLop

Boya No 3

La inmersión de Javier Nart

 

Sucedió que una brillante mañana de Marzo (creo), hallándome en cubierta observé la presencia de una cara muy conocida. Era Javier, para mi una luz de inteligencia en esa turbia caja tonta llamada televisión. En un barco siempre cuidamos la comodidad de los famosos no importunando con preguntas o comentarios a alguien que viene a disfrutar del más maravilloso de los deportes, por lo que seguí peleándome con el flash de mi Nikonos (como es habitual).

Sin embargo mi fino oído capta la conversación entre Javier y Eduardo (el instructor Cubano de Medaqua), en la que el hombre busca un compañero de inmersión, una fracción de segundo después me ofrezco solicito.

Tengo que decir que un foto-sub, ya sea en apnea o con escafandra, no es amigo de nadie en inmersión, huye de grupos que levantan el sedimento o asustan los peces, por lo que tengo que confesar públicamente mi sentido de la curiosidad y aún más, Javier bucea con material de la marca que me esponsoriza y una lucha interna entre mi sentido común y la oportunidad de fotografiarlo ...(al director de la marca, se le haría la boca agua con una foto del hombre con su equipo).

¡Plannig you Dive!, hablemos de donde iremos, le comento que necesito fotografiar un corvallo para mis libros, Javier se conoce la zona como la palma de su mano, para mí es la primera inmersión en este punto por lo que opto por decirle que simplemente lo seguiré.

Una vez en el agua nos dirigimos hacia la boya para descender juntos.

Caemos en picado hacia los - 32 m. al bajar veo un pulpo que debe pesar media tonelada (es broma), es de un tamaño descomunal, la faltan algunos brazos supongo que por algun encuentro con un mero o una morena.

El corvallo (Sciaena umbra) entre las mojarras. El padre de todos los congrios © by Toni Romero

Lo acribillo con mi cámara. Al girarme veo que estoy solo. A lo lejos distingo un destello, voy hacia allí a toda máquina.

Javier me indica que continuemos, seguimos por la base del acantilado que desciende en una pendiente bastante pronunciada hacia nosotros. Es una máquina, acostumbrado a un ritmo muy lento, el que necesito para observar lo que me rodea y captarlo con mi cámara, le sigo con la lengua fuera. Mi consumo de aire se dispara, fotografío todo lo que me pasa por delante (en esa época necesitaba cantidades de especies, algunas bastante comunes), por lo que en cierto momento distingo a un sargo picudo (Diplodus puntazzo) varios metros más abajo, y me dejo caer fotografiándolo desde varios ángulos.

El sonido se vuelve metálico, miro mi profundímetro y veo que estoy a - 46 m.

Asciendo, y veo que Javier me ilumina con su foco un espléndido ejemplar de corvallo (Sciaena umbra), ¡por fin! apunto, encuadro y disparo. Le miro agradecido y en ese momento salta la chispa entre compañeros de inmersión.

Al chequear el aire de mi botella veo que sólo me quedan 50 atm. miro el de Javier y ¡todavía le quedan 150 atm!, ¡coño! respira como un pajarito.

Nos despedimos y lo veo partir, brújula en mano hacia un nuevo rumbo, hacia las profundidades.

Me quedo a 5 m. Parada de seguridad, unos agujeros en la pared me llaman la atención. Hacia adentro. El padre de todos los congrios casi choca contra mi máscara, los dos nos llevamos un susto de muerte, salimos disparados en direcciones opuestas. Me asomo de nuevo y lo veo en toda su longitud, debe de medir 2 m. Decide volver hacia su casa y maldigo la capacidad de película de mi cámara, una vez Toni Bernat me dijo que la mejor foto era la n. 37, ¡cuánta razón!.

© by Toni Romero 2001 Prohibida la reproduccion total o parcial de esta pagina, registrado en la propiedad intelectual.