Bajo el Rompeolas de Barcelona.

 

¿Verdad que existen lugares donde uno puede conocerse a sí mismo?. Curiosamente pueden ser sitios no muy agradables a la vista, su encanto reside en la magia que nos otorgan, en que nos acogen en cualquiera de nuestros estados anímicos ofreciéndonos simplemente paz.

Quiero hablaros de uno de esos lugares dentro de vuestra/nuestra ciudad de Barcelona. Este rincón construido de frío cemento y rocas alberga nuestro puerto y posee un secreto que se esconde férreamente bajo la fina piel de nuestro planeta, bajo la superficie del mar. El mar, un mundo diferente que pasa desapercibido a ojos no acostumbrados a mirar por debajo de las cosas.

Por supuesto, la curiosidad, innata en el ser humano, es la culpable de que no existan paraísos perdidos, sin embrargo, la paradoja, la diferencia en nuestro caso, es que este paraje es inadvertido aún estando muy cerca de nosotros.

Hace más de 25 años que me inicié en el mundo del agua salada, buceo, pesca o cualquier otra actividad. Mi vida fue y es el camino hacia la acuaticidad, la pura fusión con el medio acuático, las actividades que pueda realizar en él son sólo circunstanciales. Mi escuela de mar fue la escollera, ahí descubrí las lisas, los sargos, los pulpos y los mejillones, precisamente éstos porque en aquellos años se conocían las especies por su interés alimenticio.

El lugar sirvió para formarnos como personas a un montón de amigos. Pasados los años pienso en la suerte que tuvimos con nuestra afición, puede que nos salvara de otras muchas adicciones, más peligrosas y tan de moda en la época (los 70'). Todos los fines de semana acudíamos a la escollera, y que yo recuerde, jamás nos decepcionó. La vida misma separó al grupo, y sin embargo mi amigo Luis Lleixà y yo seguimos visitándola regularmente. Creo que aún gozamos de la misma magia, por eso coincidimos algunas veces vestidos de negro, comentando nuestras cosas mientras el público habitual nos mira sorprendido, seguramente preguntándose - "¿Qué hacen éstos ahí?".

Dictyota dichotoma y pulpo (octopus vulgaris) © by Toni Romero

Lo más importante que me ha ocurrido desde que me inicié en la biomarina (como aficionado) ha sido el descubrimiento de infinidad de criaturas que, por supuesto, antes no sabía ni que existiesen, y en parte gracias al Rompeolas. La mayoría de practicantes del buceo sólo esperan encontrar grandes peces en las inmersiones, contemplar meros, corvallos, peces luna. Debemos obligarnos a mirar con detalle las piedras, a entender que las escenas de los documentales en que los leones cazan herbívoros se desarrollan también delante de nuestros ojos con la misma virulencia, aunque a menor escala de tamaño y tiempo.

Os cuento todo esto para llamar vuestra atención, todos podemos contribuir en la conservación de este maravilloso espacio. Desde hace tres años realizamos un seguimiento del estado biológico de la escollera, durante todo este tiempo he acompañado a biólogos, fotógrafos submarinos, buceadores y sobre todo a niños, compartiendo con ellos sus reacciones al descubrirlo. La idea de nadar entre peces a tan sólo 10 minutos de la plaza Catalunya no es utópica. Puedo deciros que es habitual que hacia las dos de la tarde baje al puerto, haga una inmersión a - 16m. entre sargos, salpas, lisas e infinidad de lábridos y esté en mi casa a las cuatro y media.

En Barcelona vivimos bastantes buzos, ¿porqué no hacer algo respecto al Rompeolas?. Nuestra propuesta es conseguir que sea una zona protegida. ¡Cuidado!, protegerla pero también disfrutarla, no creo en espacios totalmente cerrados a las actividades subacuáticas. Sus grandes dimensiones nos permitirían delimitar zonas dedicadas a seawatchin, foto y video-sub, apnea, pesca-sub, cursos de buceo, biomarina; en fin, un proyecto de interés tanto humano como medioambiental.

No es necesaria una gran inversión, la P.A.B. (Puerto Autonomo de Barcelona) ha gastado 80.000 millones de pesetas en la ampliación del puerto y el desvío del Llobregat, para ellos destinar 20 millones al Rompeolas, dotarle de las infraestructuras y accesos necesarios para el público, sería un presupuesto ínfimo.

Pero antes de que os forméis una idea imprecisa sobre él dejadme que os describa una inmersión, que os descubra alguna de las maravillas que podremos encontrar. Para empezar os detallaré su localización, suelo acceder al agua por unas piedras que hay enfrente mismo de la escalera que da paso a las Golondrinas. Si no sois de Barcelona os diré que estas son embarcaciones que realizan el trayecto desde la Plaza de Colón a la escollera por dentro del puerto.

El Rompeolas es un lugar con carácter, la luz es muy particular y la visibilidad del agua varía desde una máxima de 15 m. a una mínima de 1 m. Diferentes horas, diferentes espectáculos, por la mañana es luminoso y azul, al mediodía el azul se vuelve más oscuro, casi cobalto o acero y por la tarde, al alargarse las sombras, se convierte en un lugar lleno de magia, la luz rasante y cálida enmarca a los peces en contraluces y juegos de reflejos.

Dardanus arrosos y Clavelina lepadiformis © by Toni Romero

El estado del mar también puede ser a veces desalentador. Si sopla levante, veréis cómo se forman en el agua grandes olas que la limpiarán de sedimentos, nuestro punto de acceso a la inmersión será peligroso. Estos días prefiero practicar la apnea, calzarme con unas aletas grandes y largas, vestirme con un traje microporoso y sobre todo, llevarme la cámara. Encontraremos medusas dedal, pelagias, cotyloyzas o rizostomas, las fieles compañeras a las que levanto sus faldas para fotografiar los peces que viven entre sus intimidades.

Si sopla poniente, el mismo Rompeolas detiene el viento y el lugar es como una bañera. Es ideal para bucear entre los grandes bloques situados debajo del restaurante Porta Coeli. Forman unas gigantescas cámaras por las que se puede pasar sólo los días de aguas tranquilas. Aquí hallaremos esponjas y vida esciófila, bonelias y tunicados maravillosos. Es fascinante por lo artificial de las formas aunque los bloques pueden parecer siniestros, a más de uno le ha entrado claustrofobia, debéis absteneros de visitarlos si no tenéis experiencia en cuevas.

Más adelante el amontonamiento de bloques termina, es la vía de entrada a mar abierto. Cruzando las últimas pilas, de forma perpendicular a la escollera, bajaremos hasta los -14m., hemos llegado al bosque de gorgonias. Lo primero que os sorprenderá es la gran cantidad de plomos de pesca y la maraña de sedales que encontraréis. Por supuesto, este año seguiremos limpiando, siempre salimos a la superficie cargados con plomos o trozos de palangre. Yo mismo he llegado a sacar, con ayuda de un globo, un trozo de trasmallo de 25 m y casi 40 kg.

El bosque contiene tres especies de gorgonias, la lophogorgia, la eunicela singularis y la cavolini. Se extiende mar adentro sobre el fondo de finísimo limo, en él yacen gran cantidad de rocas que constituyen un refugio idóneo para lábridos o pulpos. Los apogones también se esconden entre sus grietas ocultándose de nuestro foco. El hypselodoris elegans en cambio, extiende su manto sobre ellas mientras pone una hilera de huevos color fresa. Hasta una nécora monta guardia frente a su escondrijo, pone cara de malos amigos con sus dos tremendas pinzas. Incluso más de una vez podréis contemplar una puesta de sepias, cómo depositan sus negros huevos sobre el tubo de un gigantesco espirógrafo cual tutú de bailarina coronado por su brillante penacho, que no es más que la sinuosa forma que adoptan sus branquias al ser mecidas por la corriente.

Volveremos por la zona de arena en dirección a levante, desaparecerán los jóvenes bloques y en su lugar encontraremos las antiguas rocas sumergidas desde antaño. La capa de vida que se desarrolla sobre ellas es sorprendente, el año pasado descubrí pólipos de Phoronis hippocrepia.

La ceremonia está lista, esponjas rojas del género verogia a poca distancia de un caballito de mar que enrrolla su cola sobre un lecho de dyctiota dycotoma de grandes proporciones, una escena engalanada con el azul eléctrico que caracteriza los bordes de esta alga, bajo la luz de mi flash.

Pero la arena esconde aún más maravillas, podas mimetizados que te regalan primeros planos de su cara, sepias semienterradas, ranchos de los pulpos edificados a semejanza de las pirámides, podemos verlos incluso trajinando las piedras desde lugares remotos. Sus ojos saltones no nos perderán de vista mientras guarda sus ristras de huevos, este es el último acto de su vida, perpetuarse.

Si ascendemos y nos quedamos a medias aguas, tendremos ocasión de descubrir algún mujol gigantesco y solitario, dejarnos envolver por centenares de castañolas o permanecer a la espera de las serviolas. Estas habituales del Rompeolas aparecen matemáticamente a partir del 15 de Agosto brindándonos la oportunidad de observarlas en su constante aumento de tamaño según avanzamos hacia el otoño. Otro de los espectáculos más vistosos es el ataque de los jureles a los bancos de alevines, es extraordinario ver cómo adoptan inmediatamente la forma de una bola para defenderse. En una inmersión en compañía de una bióloga nos envolvió un banco de tales dimensiones que parecía que se nos hiciese de noche. Y no olvidemos a los cardúmenes de sardinas, es increíble cuánto llegan a acercarse a las piedras, este pez tan vulgar, situado siempre a medias aguas, navega por lo común formando un interminable desfile de metal templado.

Leptogorgia sarmentosa , Flavelina afinis, Red con escorpora. © by Toni Romero

De vuelta a tierra, unos minutos a tres metros nos mostrarán a los más divertidos personajes de este sainete, los gobios y los blénidos. Las viejas rocas cercanas a la superficie están tapizadas de anémonas y algas, dyctiotas, codiun vermillara o colpomenia sinuosa , sobre mejillónes minúsculos formando un escenario donde el "clown" por excelencia hace de las suyas. Los gobios son actores natos, son muy territoriales, podéis comprobar como un dedo enguantado de neopreno situado delante de su casa, es irremisiblemente mordido y empujado hacia fuera.

Irrumpimos en la superficie que romperá el hechizo y nos devolverá a la realidad cotidiana, es fácil que nos sobresaltemos ya que sobre nuestras cabezas retumbarán los aviones que se dirigen al cercano aeropuerto del Prat.

El rompeolas desde el castillo de Monjuich © by Toni Romero 2001

Pensad en todo lo que os he contado, reflexionad y decidme si no vale la pena conservar este pedacito maravilloso que tenemos tan cerca. Disfrutémoslo juntos, cuidémoslo, y por supuesto hagamos que sea accesible a todo el mundo.

En nuestros días el paso por las aguas que se extienden a partir de los bloques del restaurante está vedado al público. Un acuerdo entre la Sociedad de Pescadores Deportivos Mar, el P.A.B. y la Generalitat de Catalunya, que no se ha renovado desde hace más de 15 años, nos impide disfrutar con las maravillas que os he descrito. La verdad, no me parece justo, el mar es para todos.

Aislarlo ha sido sin embargo una buena medida para la conservación del biotopo, los peces no reaccionan de igual forma en la zona de libre acceso que en el "coto", en él se aprecia un crecimiento, tanto en población como en la diversidad de sus especies, eso sí, en detrimento de la contaminación por plomo y de los seres bentónicos, que ven menguar su presencia por la acción de los sedales. Reconozcamos también la buena política de aguas del P.A.B, su calidad ha mejorado desde la recuperación del frente marítimo justo antes de las Olimpiadas de Barcelona92. Estoy convencido de que el desvío del Llobregat hacia el sur y la instalación de la nueva depuradora, mejorará aún más la calidad del agua. Actualmente, aún con viento de poniente, la visibilidad se reduce notablemente con la corriente procedente de la desembocadura. Limo y polvo en suspensión son los enemigos a combatir, pero no son los más peligrosos, es prioritario reducir el aporte de sedimentos tóxicos que nos trae el Llobregat, un punto negro en cuanto a contaminación industrial.

Esta es la propuesta que os ofrezco, participar en la recuperación del Rompeolas, un magnífico lugar situado cerca de un puerto. Por supuesto podéis consultar el informe científico y el proyecto que hemos realizado sobre la zona, está a vuestra disposición en nuestra web, en el están detalladas nuestras intenciones en cuanto a su uso y gestión.

Apoyadnos con un e-mail, aunque no viváis en Barcelona, da igual, mañana será en vuestro puerto, esa es la idea: "recuperemos nuestras costas, recuperemos nuestra casa".

Publicado en la Revista Aquanet. © by Toni Romero2001.

Nota: Para aparecer en la lista de apoyo es necesario que hagáis constar vuestros datos (nombre y apellidos, dirección postal, DNI, tel. y motivos por los que se apoya el proyecto)

Dirigios a: romero@fotosub.org

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