EL LIMITE DE LA SERIEDAD
Desde que estoy en el mundo de el agua me llama continuamente la atención lo serio que parece ser tratar cualquier cuestión metodológica o relativa a las formas de enseñanza, a las técnicas e incluso a aquellas situaciones más propicias para un enfoque distendido, las anécdotas o los viajes en grupo.
De hecho existe una trascendencia inherente al propio acto del buceo. Si observáis el ambiente que reina en una embarcación cuando se dirige al punto de inmersión apreciaréis como la mayoría de las veces es casi militar y bastante formal, en mayor o menor medida dependiendo de la composición del grupo. Actitud que me parece un disparate, creo que todo en la vida se debe afrontar con buen humor, siempre que se tomen las precauciones necesarias.Y es que amigos míos en este deporte nuestro que es el buceo nos pueden sobrevenir las situaciones más curiosas. Por ello me gustaría romper una lanza a favor del buen humor en el mundo acuático y por eso mismo he decido escribir un artículo dedicado a las particularidades de algunos practicantes del buceo deportivo. Debo advertiros que todas las anécdotas que os narro están basadas en hechos reales. Espero de corazón que nadie se ofenda, ya que no está en mi ánimo molestar a nadie y además parte de las aventuras sobre nosotros (buceadores peninsulares e insulares) me han sucedido a mí mismo.

Una ojeada a las características de diferentes especies de buceadores.
Es preciso reconocer que cada país tiene su propio estilo de buceo, puedo detallaros al respecto infinidad de anécdotas protagonizadas por diferentes nacionalidades de buceadores, sin embargo para que sobreviváis a este artículo os comentaré tan sólo algunos esbozos.
Buceador Francés - Galus clasicus
En el trayecto hacia el punto de inmersión la solemnidad que se respira es digna de una operación de la marina. Dejadme la licencia de describiros a los actores de este teatro acuático, en que el atrezzo es diríamos costumbrista, llevándoos por un paseo de equipos que van desde los 60' hasta la actualidad.
El jefe del grupo suele llevar un bibotella (Spirotechnique de 9l.) al que ha adaptado un chaleco moderno o uno tipo botellín. Luce un regulador Royal Mistral, duro de la hostia, con un manómetro de alta (imaginaros cómo sería intentar respirar de un ladrillo y habréis reproducido la experiencia). Este regulador de una etapa, pasa de 200 atm. a presión de ambiente, aún así hay numerosos usuarios de tales reliquias en nuestra vecina Francia.
Completan el equipo descompresímetros, profundímetros de aceite, aletas Cortez de la Nemrod o las Venturi Jefting de Sporasub ( por cierto son excelentes), gafas Bali, Tetys u otras maravillas prehistóricas.
El instructor, guía o jefe del grupo, a modo de guisa, controla que nadie sonría o se tome la cosa a broma. En el agua la coreografía puede ser de lo más curiosa, si la localización es una cueva (podría servir de ejemplo la del Dofí o de la Vaca, en les Medes- Girona) os intrigará cómo pueden llegar a conocer las bellezas ocultas de la vida esciófila de techo y paredes, situándose a ras del fondo. Es de todos sabido que en este tipo de cuevas, de gran altura y fondos de arena, las paredes son una auténtica Biblia de la biología marina.
El grupo desciende hacia la entrada y una vez todos juntos (entre 10 y 20 buceadores), inician su recorrido a la par que levantan una considerable nube de sedimentos. Su velocidad es tal que pueden recorrerla hasta cuatro veces en una inmersión de tan solo 30 minutos (tiempo usual para los principiantes sin distinción de nacionalidad) y dejarla saturada de partículas en suspensión hasta el mismísimo techo (buceadores oruga).
Dejando de lado la comicidad, se caracterizan por no ser nada temerarios. En Francia la instrucción del buceo a nivel federativo es casi gratuita (sin ánimo de lucro), por ello hallamos en nuestro país vecino la sorprendente cifra de 160.000 buceadores federados. Un ejemplo muy interesante a seguir.
Buceador Alemán - Teutonis immutabilis
Ante todo mis respetos, antes de contratar una embarcación el jefe del grupo comprueba que el equipo DAN de abordo esté correctamente cargado.
Todos los participantes van vestidos con trajes secos, llevan excelentes equipos, rabiosamente modernos, y su inseparable ordenador. Serios, pero con esa sobriedad de los teutones en acción. Pueden distinguirse cámaras de ensueño en manos de excelentes fotógrafos, absolutamente desconocidos, que se camuflan perfectamente entre sus compañeros. No hay inmersión sin breafing, inaudito para un español; en una palabra, la máxima seguridad.
Buceador Suizo - Helveticus acuaticus
Sus equipos parecen sacados de una lanzadera espacial, trajes secos e impolutos ordenadores que chequean antes de saltar al mar cual pilotos de caza, implacables y serenos. Habituales entre ellos son los piercing's y tatoo's, y sobre todo sus potentes cámaras.
El lema es la precisión suiza, sin duda gente segura que no busca riesgos.
Buceadores Belgas y Holandeses - Homo acuaticus amigabilis
Peculiares por su gran tamaño y familiaridad, destacan en el barco por sus trajes de las marcas más variopintas, de añadido algún que otro ordenador.
La anécdota más disparatada acerca de un belga, de nuevo en l'Estartit, es la del que pasó la cola del traje por los barrotes del asiento de la barca. El hombre al tirarse al agua quedó suspendido cabeza abajo sujetado por la cola de su traje. El mar ese día estaba bastante agitado por lo que se golpeó repetidamente, al ritmo de las olas, contra el casco de la embarcación. Al resultar imposible aflojar la cola, la cortaron para conseguir liberarle (buceador campana).
Una anécdota simbólica, son en general gente extraordinaria que se divierte realmente con lo que hace y así lo exterioriza.
Buceador Inglés - Britanicus flematicus
Los pocos que conozco, entre ellos Francis Abbot de quien fui asistente y compañero de trabajo, se pueden calificar como meticulosos. Francis, sin exagerar al respecto, tarda una hora en realizar el chequeo a su Nikonos V.
Mientras se atavían con sus trajes secos Viking y sus bibotellas reina el silencio en la cubierta, sonrisas y rostros al viento, una tarde magnífica.
Hablando de tópicos, su cámara está siempre a mano y son, sin duda, buenos conocedores en biomarina.
Buceador Español - Ibericus terrorificus
No nos libramos de la caricatura, por supuesto nuestro caso es complicado, somos simplemente diferentes. La singularidad de cada una de las comunidades se refleja en el carácter de sus habitantes, es tan complejo que hasta podríamos escribir todo un libro al respecto.
Cabe decir que el español, por definirnos a todos de algún modo, es el único de esta Europa a la que pertenecemos que todavía toma el buceo como un deporte de riesgo. Dejadme que haga un inciso al respecto, debo reiterar mi afirmación de que la metodología seguida hoy en día por los cursos de Fedas, Padi o Acuc logra que el buceo sea seguro.
Sin embargo, el deseo de superación mal entendido a veces sobrepasa la faceta divertida, con lo que sólo se consigue pasar un auténtico suplicio de frío o quedarse un buen rato colgado de un cabo haciendo descompresión. Sinceramente, jamás he realizado una inmersión profunda sin tener un buen motivo. Así y hasta ahora, siempre ha sido divertido; jamás he tenido ningún problema (¡toco madera!).
Pero volvamos al repaso de unos hipotéticos buceadores nacionales. En la popa distinguimos a un trío que al ponerse el traje (que por supuesto no habían utilizado desde el año anterior) ven que no entra ni con calzador. Caras de pesar - ¡A ver cuándo acaba este suplicio!-. Las ganas que muestran son las de volver al puerto y buscar refugio a la sombra del bar. ¿Pero quién es el primero en decir que no?. Orgullo máximo, si no te apetece, no bucees.
El primero suele caer a causa de su prominente barriga cervecera, ante la imposibilidad de embutirse en esa tortura de neopreno desiste sonriendo (una magnífica escusa para salir airoso de tan doloroso trance). El segundo, una vez en el agua larga los plomos y se aferra a la barandilla de la escalera cual pulpo defendiendo su guarida. El tercer compañero (obviamente más feliz que nadie) se hará cargo de nuestro pulpo para calmarlo, ofrecerle un cigarrillo y hacerle compañía, al tiempo que recuerda al resto que está prohibido hacer buceo en solitario (olvidando que puede bucear con cualquier otro de a bordo).
Nosotros descenderemos con el resto del grupo, aquí empieza otro acto del sainete. Tres de ellos caen, digo caer y no bajar porque llevan lastre como para hundir un destructor. Para desclavarse del fondo hinchan los chalecos como si fueran un flotador y a esta guisa ataviados, emprenden el camino hacia un mayor conocimiento de las especies que pueblan nuestros mares.
No existe alga o invertebrado alguno en la naturaleza que sobreviva a esa guadaña de aletas con las que literalmente siegan la población bentónica. Vistos desde su popa, se asemejan a los bombarderos (B-52) al ser alcanzados por el fuego antiaéreo. Sin embrago, el humo no es más que una estela de sedimentos en la que una nube de lábridos monta una cuchipanda de microorganismos y especímenes en suspensión.
Al llegar a una pared que desciende en vertical hacia abismos insondables, tropiezan con el borde y vuelven a caer hasta quedarse los tres agarrados, como las garrapatas al cuello de una vaca. El chaleco no tiene más capacidad de elevación (si no fuese por la válvula de sobrepresión ya habría estallado) por lo que optan por escalar el acantilado.
Amigos míos, así asistimos al nacimiento de una nueva modalidad de buceo, el buceador araña. Gorgonias, esponjas y demás exquisiteces sucumben al paso de estos bulldogs, grotescamente hinchados, en su ascenso hacia la luz. Una mirada entre los tres es suficiente para decidir que por esta vez basta y que es hora de subir a la embarcación. Una vez en ella se dan cuenta que todo ha durado tan solo 10 minutos. Es increíble cuánto cunde el tiempo en un deporte de riesgo como éste, "!cómo mola!". Pero sus peripecias no han acabado todavía, presos del terrible mal del mareo, se unen al anterior trío que prácticamente ni siquiera se había mojado. Ambos clanes pugnan en una lucha para conseguir la Arcada Mayor y la de ángulo más abierto. El tormento dura hasta que el resto de buceadores vuelven a la embarcación.
La vuelta a tierra tiene un tufillo agrio y solidario con los seis héroes del día, que además deberán abonar el importe de la inmersión como colofón a su festival de suplicios.
Un día magnífico.
Aún en el camino de lograr ser mejores acuática y medioambientalmente vemos personajes en circunstancias parecidas a las de nuestra embarcación ficticia. Todos conocemos elementos peligrosos tanto para los restantes compañeros de inmersión como para la fauna: "un poco de coral por aquí; una magnífica nacra para el comedor; !uhmmm...qué estupendas langostas!, ¿por qué no me llevo un par para cenar?".
No son nada más que actitudes humanas, aunque poco útiles. Digamos basta y hagamos un acto de contricción, comportémonos como personas en un espacio que nos pertenece a todos.
Los massais tienen un probervio muy adecuado: "Nosotros no heredamos la tierra, sólo la tomamos prestada de nuestros hijos". Un pensamiento inteligente para aplicarlo al mar, al fin y al cabo él es nuestra casa.
Publicado en Buceo 21 © by Toni Romero 2001
