
Las tripas de un acuario
Pocas personas imaginan que el espacio abierto al público en un acuario es mínimo en comparación al que ocupan las instalaciones necesarias para el mantenimiento y bienestar de sus habitantes. Para desvelaros sus intimidades nos hemos dirigido a L' Aquàrium de Barcelona.

De la mano de Patricio Bultó (biólogo jefe) y Carlos Luque (jefe de aquaristas) nos adentramos en las entrañas de este complejo lugar más allá de una película de ciencia ficción. En la sala de filtraje enormes tuberías conducen agua salada para poder llenar los 21 acuarios, para lo que se necesita aproximadamente unos 6 millones de litros de agua marina.
El abastecimiento se realiza mediante la captación controlada en pozos dispuestos especialmente para este fin. De este modo se consigue un caudal continuo, aunque se dispone de un sofisticado sistema de depuración que permite trabajar en ciclo "semicerrado". Esto significa que no se necesita un abastecimiento continuo de agua exterior, ya que pueden tratarla y reciclarla en las propias instalaciones, con un tiempo de renovación de aproximadamente 1,5 h. Sólo una pequeña cantidad de agua exterior es aportada diariamente para compensar las pérdidas de evaporación y de oligoelementos.

La depuración y filtración son necesarias por muchos motivos. Los restos de comida junto con las heces excretadas por cada organismo (con un alto contenido de amonio), al degradarse biológicamente forman unos compuestos químicos secundarios, nitritos y nitratos, altamente perjudiciales para la vida de los huéspedes y que es necesario eliminar con la filtración y la depuración.
Por otro lado, se controla la temperatura y se esteriliza el agua si es necesario con un sistema de producción de ozono y de luz ultravioleta. Estos sistemas, usados en la mayoría de acuarios de todo del mundo, permiten eliminar las bacterias no deseables además de oxigenar las aguas y de facilitar la floculación de proteínas para su posterior eliminación. La esterilización final del agua es indispensable como medida de prevención biológica hacia el exterior de L'Aquàrium.

1. Pozos
2. Bomba
3. Depósito de reserva
4. Acuarios
5. Ozono
6. Espumador
7. Esterilizador
8. Filtro de arena
9. Ultravioleta
10. Torre de pH
11. Intercambiador
12. Biofiltro
La limpieza del interior de los 21 tanques se realiza a mano, salvo los que contienen animales venenosos (peces piedra o león), mediante el empleo de chuponas de pequeño calibre. Es una imagen curiosa ver un buceador dentro de un tanque de pelágicos barriendo literalmente el fondo, rodeado de curiosos pececillos.
Pero aún lo es más observar como un grupo de mantenimiento limpia posidonia. Instalada en el fondo del Oceanario, esta versión de Posidonia oceánica es de plástico. Al igual que la verdadera acumula numerosos epibiofidos, algas y demás restos orgánicos, que se eliminan frotándola y aclarándola con agua.
CONTROL BIOLOGICO Y VETERINARIO
El control veterinario se inicia al incorporar nuevas especies de peces, los recién llegados son mantenidos en cuarentena para aclimatarse a su nueva situación, consistente en verificar que se adaptan a un nuevo régimen alimenticio y que presenten una talla adecuada para no ser devorados por el resto de cohabitantes. Esta estancia permite eliminarles el estrés ocasionado por el transporte, además de controlar las posibles enfermedades y parásitos que pudieran llevar y transmitir al resto de organismos.

La sala de cuarenta está dotada de múltiples tanques con medidas adecuadas para contener hasta un escualo. Siempre es un placer visitar este lugar. Lucia Carulla, Marina Pi Marta Jiménez y Sara Belzunce miman a los alevines y asisten a la eclosión de los huevos de sepia o a la liberación de las crías de caballitos de mar. He pasado muchas horas viendo cómo alimentaban a las pequeños bebes de sepias. Embobado contemplaba la manera en que estos seres, de poco más de 2 cm., lanzaban sus tentáculos hacia un trozo de sardina mayor que su cuerpo. En otro tanque los meritos de 4 cm. permanecen enrocados debajo de una teja a la espera de una gambita (palemon), con una actitud territorial increíble para su mínimo tamaño.
Un trabajo que aunque parezca de ensueño requiere una dedicación total, reconozcamos desde aquí la labor llevada a cabo por estas biólogas y técnicas de cultivos marinos.
Las pastinacas en tratamiento por afecciones dérmicas, hongos y demás enfermedades, son tratadas con medicación y por separado siguiendo unas normas de higiene dignas de cualquier hospital. Lo que hace de esta sala una grata sorpresa al visitante afortunado, que descubre una nueva población oculta a la espera de su próxima incorporación a los tanques de exhibición.

La alimentación de los peces ocupa una buena parte del tiempo del personal. Diariamente se preparan dietas a base de pescado entero o troceado, cangrejos, mejillones, plancton vivo, con complementos vegetales y vitamínicos, en una sala adjunta al borde del Oceanario. Los diversos tipos de menús se disponen en recipientes para después alimentar a mano a las diferentes especies. Una labor que he seguido desde el interior del tanque en varias ocasiones. Es una sensación muy intensa introducirte en él con los cuidadores y ver que varias toneladas de pescado se dirigen a tu encuentro, presenciar cómo la masa de peces forma una pared de bocas glotonas que acuden a su ritual diario de alimentación.
No todos los peces comen lo mismo. Los peces luna (mola mola) toman un coktail especial compuesto de almejas, mejillones y pescado blanco triturado, al que se añade cola de pescado y agua. Se amasa y enfría posteriormente hasta darle una textura de gelatina. Los cuidadores armados con un recipiente de plástico cilíndrico se acercan al pez que inmediatamente se sitúa en posición vertical. El cuidador simplemente le coloca el cilindro en la boca, al apretarlo el pez ingiere su menú.
Los tiburones toro son otro tema. Comen trozos de atún que se les introducen en la boca mediante una varilla de plástico. A pesar de lo que podáis creer, los tiburones son seres muy tímidos, hasta el extremo de no querer comer al percibir demasiada gente en el tanque.
Espáridos, meros, congrios, morenas y pastinacas se nutren de una mezcla a base de pescado entero o troceado, cangrejos, mejillones, complementos vegetales y vitamínicos, que es llevada al fondo en varios cubos.
Las morenas, que aquí miden más de 1 metro y son de un grosor de la pierna de un hombre, tienen la costumbre de enrollarse alrededor de los buceadores. Una experiencia para ponerte los pelos como escarpias. Sin embargo, jamás me han mordido y su carácter es extraordinariamente dulce y delicado.

La labor de los cuidadores consiste a veces en separar ejemplares que se deben aislar a causa de enfermedades o de comportamientos no naturales. En una ocasión se tuvo que retirar un cardumen de peces ballesta que estaban martirizando a los peces luna. Un trabajo nada fácil, ya que éstos sí que muerden.
Las salidas al mar para capturar miscidiáceos también son el pan de cada día. Los caballitos de mar sólo se alimentan de estos pequeños crustáceos que tienen la particularidad de no poderse criar en cautividad. Por lo que ir hasta Blanes u otra zona de la Costa Brava para realizar varias inmersiones a la búsqueda de estos diminutos seres, es absolutamente normal.
No es así en el caso de la Artemia salina. En un gran tanque encontramos una miríada de artemias, unos diminutos crustáceos que son alimento de especies como caballitos de mar, alevines de sepia y peces payaso, anguilas de jardín (Gorgasia preclara, Taenioconger hassi) y resto de alevines en general.
La artemia es un ser curiosísimo. Es habitante de lagos salados y cuando éstos secan, sus huevos quedan enterrados en el fango a la espera de nuevas lluvias. Tras la llegada de las precipitaciones y la inundación consiguiente, eclosionan en cantidades tales que llegan a colorear el agua de rojo.
Como veréis, existe un mundo oculto y muy interesante tras las áreas destinadas al gran público, con personas dedicadas las 24 horas del día, y 7 días a la semana, al cuidado de los verdaderos habitantes del L%Aquàrium de Barcelona, los peces.
